miércoles, 22 de enero de 2014

EL MIEDO A SÍ MISMO

Por HERMANN TERTSCH
ABC 15.06.07


La última vez lo vi hará dos años. Paseaba lento su elegantísimo porte, todo junco tanto tiempo, quebrado pero en lucha por ir erguido. Caminaba solo junto al museo de la Albertina, de espaldas a la ópera y al Hotel Sacher, hacia su casa muy cerca de la gran iglesia de los Agustinos, del Palacio Imperial y también de la Cripta de los Capuchinos, en la que los Habsburgo yacientes se topan con el espíritu de Joseph Roth. Vivía en la hectárea de oro de la ciudad de Viena. Para su fortuna y su desgracia, Waldheim, que ayer murió en Viena a los 88 años, siempre vivió en el epicentro de la historia de Austria y de la tragedia centroeuropea.

Para quienes le conocían, compañeros ya muertos que sabían de su ambición desmesurada, no fueron una sorpresa los bloqueos mentales de Waldheim ante la verdad, esos quiebros que lo hacían parecer siempre más culpable e implicado en crímenes de lo que era y estaba. Gran ayuda fueron en su día dos grandes austriacos, Bruno Kreisky y Erich Bielka, para quien había sido fastuoso y celebrado secretario general de la ONU nada menos que nueve años, más que nadie desde su partida.

Cuando Waldheim acudió a Nueva York como enviado de la nueva Austria que recuperaba la soberanía, perdida ya en 1938 en el «Anschluss», a nadie se le ocurrió husmear en el pasado de este brillante diplomático. Años después de dejar la ONU, como candidato a la presidencia de la República, surgió lo que podía haberse sabido antes sin esfuerzo. Fue un hombre de su generación, nacido en el año en que se hunde el imperio. Que sus nuevas esperanzas surgieran con la anexión a Alemania y el desfile triunfal de Hitler por Viena cuando tenía veinte años, es explicable. Que hiciera tanto mérito para unirse al teniente general Alexander Löhr, jefe del Grupo del Ejército E en los Balcanes, responsable de inmensas salvajadas como la deportación de los judíos de Salónica bajo Eichmann, es lamentable. Pero su gran pecado fue su bancarrota moral al enfrentarse a su pasado. Sus silencios habrían pronto de considerarse mentiras. Y crecieron. Los ataques del exterior en una campaña con tantas injusticias y exageraciones como ayudas de un Waldheim acorralado hicieron un daño inmenso a Austria, sólo superado por la hipócrita campaña de la UE contra unas tendencias ultraderechistas que toleraban y toleran en todas partes. Waldheim ganó las elecciones por el sentimiento de humillación de sus compatriotas.

Ahora, desaparece cuando nadie se acordaba de él, una figura de personalidad nula por adocenada, pero significación profunda para destinos, afanes y tristezas de la Europa del siglo XX.


EL ESPEJO DEL FANTASMA

Por HERMANN TERTSCH
ABC 14.06.07

Los muertos se acumulan, los mediadores claudican, partes y operaciones militares se multiplican y los crímenes al margen de los combates entre milicianos adquieren desde hace días cada vez mayor horror iraquí. Los palestinos no sólo se están disparando entre sí. Se ejecutan unos a otros. Y en las últimas 72 horas, se lanzan unos a otros al vacío desde los pisos altos en la ciudad y los campos de refugiados. La guerra civil palestina parece imparable en Gaza entre bandos, sólo en principio dos, compuestos por fanáticos asalariados y funcionarios fanatizados.

Dicen que es ya una guerra entre islamistas y laicos que ha hecho trizas el precario acuerdo de La Meca para ese Gobierno Palestino de Unidad en el que Arabia Saudí invirtió un prestigio de tan escaso recorrido. Ahora parece que interesan otras cosas que la unidad y no parece mucha casualidad la inmensa contundencia y el nunca visto despliegue de medios con que se enfrentan los grupos de Al Fatah, del presidente Mahmud Abbas y los islamistas de Hamás del primer ministro Haniye.

Los movimientos militares de los últimos días apuntan a una lucha, si no decisiva muy importante, de cara al dominio de los principales símbolos de poder de la Autoridad Palestina en Gaza y los puestos militares más significativos para el control del territorio, de su infraestructura y sus recursos. Cisjordania es otro cantar, al menos de momento. Donde hay mayor espacio hay menos tendencia a la acción final desesperada y las gentes de Al Fatah, más o menos leales a Abbas y a la antigua Autoridad Palestina, ejercen aún suficiente respeto o terror sobre aquellos que les odian, no sólo los más fieles de Hamás.

Treinta grupos diferentes

Muchos están jugando con esas piezas tan sueltas que son los más de treinta grupos diferentes, todos armados, financiados y manipulados por odios, vanidades, rivalidades o uno, dos o tres Estados a la vez. El espejo lo manejan Irán y Siria y otros intentan inclinarlo hacia sus piezas. Y otros intentan mover voluntades caóticas y volubles, tribales, caprichosas, corruptas e inestables.

Pero el factor más importante del drama está en que se sella el naufragio de la idea del Estado palestino en sí como ente capaz de convivir con Israel. La propuesta de dos Estados en un territorio, tanto tiempo negada por Israel, ahora que el Estado judío la considera axioma para su seguridad, es cuestionada por el cuerpo social palestino. No sólo por Hamás. Tanto este partido islámico como la propia Al Fatah o grupos en Líbano que se han lanzado a la desestabilización del gobierno, han dejado de querer un Estado palestino para convivir con Israel. Creen que la ola de la historia les favorece y ya defienden una lucha sin cuartel hacia un único Estado que sellaría, por supuesto, la desaparición de Israel.

El fantasma hacia el que se inclina el espejo cada vez más es el de una región en la que el hundimiento occidental, jaleado por tantos en Occidente, acabe por convencer a todos de que Israel fue un accidente. En los países árabes y en Palestina esta idea ha ganado adeptos de forma vertiginosa en pocos años. Muchos trabajan en el mundo por imponer esta idea, el mayor apaciguamiento intelectualmente perceptible, también en aquellos círculos que no fomentan el odio sino mera indiferencia hacia Oriente Medio.

Este cambio profundo cualitativo en el proyecto general de fuerzas capitales del islamismo y sus aliados desde Gaza a Irán, pasando por Londres, Estambul, Madrid o Caracas, es por supuesto negado por los profesionales de dicho apaciguamiento, cuyos campeones tenemos en casa.

Los llamamientos a la destrucción de Israel del presidente Ahmadineyad son una emulación del mayor éxito del siglo XX del Vaticano. Juan Pablo II dijo en 1979 a los polacos -a todos los europeos- que los territorios arrebatados a la libertad por el comunismo volverían a ser suyos. Así fue.

Ahmadineyad utiliza la implosión de la URSS para pronosticar el destino final de Israel. Pero también del mundo occidental y sus libertades. Con mucha razón, Ahmadineyad considera a Israel bastión capital del mundo de infieles que se propone destruir. En Gaza el proyecto está en marcha. Aquí hay pocos avisados.


NUESTRO MAGO IMPLACABLE

Por HERMANN TERTSCH
ABC 11.06.07

«Seré implacable». Parece más una frase de Iván el Terrible, Pedro el Grande o Murat el Magnífico. Pero no. Es nuestro presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, dolido como está ante tanta incomprensión, agotada su paciencia democrática, ya decidido a «no tolerar» «abobinables» (sic) críticas quien nos anuncia que lo será ante la «amenaza del terror». Nos dicen sus cronistas que Zapatero ya ha dado así una respuesta contundente a la amenaza de ETA. «En un vibrante discurso, ante el Comité Federal del PSOE, el máximo órgano dentro del partido entre congresos, Zapatero desgranó su estrategia antiterrorista». Habrán de creerles quienes aún estén dispuestos porque nada que se parezca a «estrategia antiterrorista» aparece en los textos que glosan tan intensa reunión ni la alocución pública de José Luis el Implacable. Sólo citan por enésima vez las letanías plañideras de Zapatero, su gente y sus medios en lamento por el hecho de que la oposición no los siguió al terrible error y fracaso que ha sido el llamado «proceso de paz» ni parece dispuesto a compartir la responsabilidad por el mismo.

Autoconmiseración

La única estrategia que se percibe realmente es la conocida y grotescamente expuesta en la entrevista a un Iñaki Gabilondo que no pudo ayudar al pobre hombre a reconducir su vergonzoso alarde de autoconmiseración adolescente. Como los planes. Durante ese triste espectáculo se pudo comprobar una vez más que el presidente del Gobierno del Reino de España sólo tiene en realidad una obsesión y un enemigo, probablemente producto de esa «herida familiar de la que no quiere curarse» a la que se refería Carlos Seco Serrano en la entrevista que publicó el sábado ABC. Y no es ETA. Su enemigo profundo e íntimo es «la derecha», una construcción imaginaria suya en la que incluye todo lo que no es propio a su iconografía y su muy elemental cultura. A esta derecha la identifica con la maldad y por ello le discute no ya sólo la autoridad moral sino también el derecho como opción legítima de pensamiento y gobierno.

Ocurrencias irreparables

Ahora siente en su persona toda la precariedad, el desorden, la incapacidad y el caos que ha inoculado tanto a la tarea de gobierno como a las instituciones desde que llegó al poder. En tales condiciones, esta alma herida es capaz no sólo de pasearse aullando lamentos por las televisiones sino de intentar demostrarnos sus razones «históricas» con cualquier tipo de ocurrencias irreparables. En este sentido, el jefe de la oposición, Mariano Rajoy, que acude hoy a Moncloa, debe ser plenamente consciente de que Zapatero es ahora mucho más peligroso que nunca, lo que no es poco. Probablemente ha pretendido desde siempre -aquí no se le puede negar el éxito- convertir sus cuitas y fantasmas personales en herida nacional. Su discurso sectario es susceptible de empeorar. En la historia reciente de Europa no se encuentran precedentes de una legislatura que, en tiempos de paz, haya causado tantos y tan graves daños a las instituciones y al tejido social y a la convivencia como la que ha dirigido el PSOE bajo un líder lanzado a su demencial carrera de experimentación al grito de «magia potagia» y a la activación simultánea del sentimentalismo político y los peores instintos. Es triste y grave que no haya habido socialistas que se resistieran a la demonización del PP y tuvieran coraje para poner coto al desmán sectario y fin al aventurerismo. Es hora por tanto de que, si los socialistas se han perdido el respeto tanto como para seguir al Gran Mago por la senda de la catástrofe, el único partido de la oposición y a un tiempo único partido nacional ahora existente, ponga pie en pared.

Reducir expectativas

Mariano Rajoy tiene mucha razón en reducir sus expectativas -como señalaba ayer en su entrevista en estas páginas-, a una muy improbable explicación por parte del presidente de lo que los bardos zapateriles llaman «estrategia antiterrorista», es decir, los pasos concretos que en la lucha contra el terrorismo se han proyectado. Se habrían de acometer en todos los frentes en los que con tanta efectividad se trabajó y se combatió contra ETA en la segunda legislatura del PP. Hasta que Zapatero entabló, desde la oposición, negociaciones secretas para buscar unos acuerdos de cara a una paz por separado con el enemigo del Estado. Se dice pronto. Detalles de esta gran conspiración los daba ayer uno de los mensajeros y asesores áulicos del presidente. Pronto las completará la versión de los otros conspiradores, ahora muy enfadados.

La reunión de hoy

Desear un acuerdo entre los dos grandes partidos no significa creer que vaya a ser posible mientras Zapatero tenga algo que decir en Moncloa y en el PSOE. Lo probable es que Rajoy salga asustado de La Moncloa y antes de caer la tarde los clarines de Ferraz proclamen la culpa total del PP. Por eso, más allá de las realidades virtuales del Gran Mago y al margen de la amenaza de ETA a los españoles, es preocupante la retórica de Zapatero y su entorno en momentos de aprieto y la amenaza patente de profundizar en la socialización de la «herida familiar» del nieto. Como dice Santiago González en su impagable blog, si De Juana y Otegi están en la cárcel a pesar de que el presidente considera al primero «partidario del proceso de paz» y al segundo «un líder de la izquierda abertzale» con «un discurso por la paz» ¿qué castigo reservará el Gobierno para los enemigos del proceso de paz?


lunes, 20 de enero de 2014

DISIDENCIAS, MISERIAS Y GRANDEZAS

Por HERMANN TERTSCH
ABC 07.06.07

«Tal vez la enfermedad y la muerte sean las únicas cosas que un tirano tiene en común con sus súbditos. Solo en este sentido una nación se beneficia de ser gobernada por un anciano. No es que la conciencia de nuestra mortalidad nos ilustre o modere, pero el tiempo que pasa un tirano pensando, pongamos por caso, en su metabolismo, es tiempo robado a los asuntos de Estado». El gran Joseph Brodsky no pensaba en Fidel Castro -ese criminal senil tan admirado por instancias oficiales de la cultureta socialista española- cuando escribía esto hace casi tres décadas. Se refería a la retahíla de tristes miembros de la gerontocracia soviética que administraron el final de aquella fase de la pesadilla rusa. Ningún anciano líder de la URSS se atrevió sin embargo a emular a Stalin con esa procacidad ostentosa y chula del chequista Vladimir Putin, firmemente convencido como está de que siempre tendrá más pulso, paciencia, fuerza y sentido que los demócratas. Los demócratas le acaban de decir, nada menos que en Praga, que no será así. Bajo la bandera de la disidencia el Palacio Czernin de la capital bohemia se ha llenado de dignidad y claridad de ideas.

Sólo este periódico ha sabido en España dar la relevancia que merece a dicho encuentro. La miseria moral crónica de una cotidianidad intelectualmente chata, cobarde y mentirosa, ha ignorado este encuentro en el que han unido con razón sus voces gente tan diferente como George Bush, José María Aznar, Nathan Sharanski y Vaclav Havel. Creo recordar que fueron tres días los que pasé a casi veinte grados bajo cero junto al puente Glienicke en Potsdam, aledaños de Berlín, a finales del invierno de 1986 hasta que pude ver aquella inolvidable imagen del diminuto Sharanski con su inmenso gorro de piel, dando el salto del este al oeste bajo un oscuro arco metálico con el escudo de la RDA, triste estado fracasado. Había salido el pequeño judío indómito de ocho años de Gulag y en aquel momento pasaba de una inmensa limusina soviética a un oscuro todoterreno de la embajada norteamericana. Lo que más recuerdo -se lo dije a Sharanski muchos años después- es que yo estuve allí. Con emoción indescriptible. Como si estuviera leyendo o abrazando a Osip Mandelstam. Yo sabía lo que era un tirano y lo que era un disidente y un testimonio con alma. Nada puede respetarse más que el coraje en solitario. Nada es mejor que un alma enhiesta y digna. Desde Ajmatova a Brodsky, de Sajarov o Havel a Rivero, que defienden la libertad individual en soledad y frente al tirano viejo o joven, siempre adulado y acompañado, miserable y prepotente, soberbio y jaleado. En aquellos años ochenta yo visitaba a Vaclav Havel cuando iba a Praga y él no estaba en la cárcel. Lo hacía con Misha Glenny, un gran periodista británico, entonces en la BBC, que siempre ha sabido buscar las fuentes mejores en los peores tiempos. Bebía con él cerveza de buena mañana como con el gran europeo albanés Vetton Surroi en Prístina, capital de Kosovo, pronto aplastada por Slobodan Milosevic, con Bronislaw Geremek -señor de la libertad europea agredido hoy por tontilocos derechistas gobernantes- en su preciosa casa en la calle Piwna de Varsovia, con Jiri Dienstbier en Praga o aquel inolvidable Miroslav Djilas en la casa en la que sufrió durante décadas el ostracismo por denunciar al gentucismo de la Nueva clase titoista.

La disidencia no solo es buena para el alma de todos aquellos que quieran realmente ejercer el derecho de ciudadanía democrática y el deber íntimo de la defensa de las libertades propias y del prójimo. Lo es sobre todo porque resulta ejemplar en la valentía desplegada por individuos en perfecta soledad e indefensión, frente a la absoluta desesperanza. Quizás el frágil Andrei Sajarov fue su máximo exponente. Otros millones sucumbieron al frío, las hambres, torturas o ejecuciones bajo el comunismo, el racismo o el nacionalsocialismo sin lograr hacer llegar su grito a nuestra memoria. La disidencia irrita al ejército mediocre de los obedientes que deben su supervivencia a la docilidad o sumisión y que prefieren siempre hablar con los carceleros que con los presos. Los disidentes son una agresión continua para quienes solo se sienten protegidos en una masa que considera que su capacidad de intimidación debe ser reconocida por todos y que se indigna cuando comprueba que la libertad individual y las convicciones religiosas o no, pueden resistir cualquier afrenta y asedio.

Tribus de autónomos

La disidencia como rebeldía individual contra el totalitarismo es exactamente lo contrario que la ofensiva violenta de las tribus o mesnadas contra las libertades. Por eso las tribus de los autónomos que asedian la sede del encuentro del G-8 en Heiligendamm ahora -un ejemplo-, solo son una profunda perversión del derecho y el deber de la protesta que la confusión actual permite con incomprensible naturalidad. Que los líderes de países democráticos tengan que reunirse en una zona especial bajo protección militar por el mero hecho de que unas decenas de miles de militantes antisistema demuestran una actitud decidida a utilizar la violencia con absoluto desprecio a vida y propiedades de los afectados y por el mero hecho de creer tener que llamar así la atención es un fenómeno grotesco. El movimiento contra las reuniones G-8 se han convertido en una actividad paraterrorista con la misma dinámica con que la violencia callejera en el País Vasco se convirtió en parte integrante del aparato terrorista.

La disidencia, por mucho que quieren vender un difuso mensaje anticapitalista o antinorteamericano, nada tiene que ver con esos grupos parafascistas que destruyen hacienda y amenazan vidas con su mensaje totalitario.

La disidencia siempre han sido lo contrario a los camisas negras o camisas pardas, nacionalistas o fascistas, con capucha o embozados, que abusan de las libertades de la democracia para intentar el chantaje permanente. La disidencia ha sido siempre esa maravillosa gente que acaba de ser homenajeada en el Hradshin en Praga. Gente magnífica como Anna Ajmatova o Adam Michnik, como Jacek Kuron o Miklos Haraszty, Gabor Demszky o Ibrahim Rugosa. O los ya mencionados Sajarov y Brodsky.


HOY PODRÍA SER UN BUEN DÍA

Por HERMANN TERTSCH
ABC 06.06.07

Podría ser hoy un gran día, el 6 de junio, aniversario del desembarco en Normandía, para que en Moncloa se encendieran las luces, se convocara una gran reunión, se proclamara el fin del cuento y se declarara movilización general contra el terror y el autoengaño.

En poco más catorce meses de mentirosa tregua se han cometido mucho más que errores. Pero dejemos los reproches. Hoy se da una magnifica ocasión para rectificar. Es fecha ideal para que el presidente del Gobierno, que ha jurado la Constitución, convoque a quienes la defienden -y no a sus enemigos- y anuncie un nuevo tiempo político de rearme en favor de la libertad y de ofensiva contra el terror. En homenaje al colosal desembarco de la democracia en las playas de Francia con la que quedó sellada la derrota incondicional del nacionalsocialismo alemán, Zapatero podría evocar aquel 6 de junio de 1944 y proclamar hoy el día de la ofensiva democrática de la España libre. Y dejar claro que solo la dará por concluida cuando, por ejemplo, Pilar Elías sea recibida en Azcoitia con los honores que merece, como lo fueron en Francia los británicos humillados en Dunquerque o el general De Gaulle, aún en 1940 vilipendiado.

La paz llegará -podía haber dicho ayer- con la libertad y la igualdad para todos. Cuando la victoria sobre los asesinos y su lógica totalitaria del desprecio haga revertirse a la sistemática quiebra moral que nacionalismo y violencia, pero también socios voluntariosos y tanta indolencia moral y dejadez han instaurado.

En toda España, buena ocasión es para hacer paralelismos y recordar que la dignidad y la libertad son base de toda paz que merezca ese nombre. Lejos quedaban en 1944 las ingenuidades del «peace for our lifetime» pronunciadas por Neville Chamberlain a su llegada a Londres tras su vergonzoso e inútil intento de apaciguar a Hitler entregando en Munich soberanía y libertad de Checoslovaquia. Pronto fue el político más despreciado por sus compatriotas. Apenas sufrió la ignominia porque, septuagenario, murió pronto. Zapatero es joven y previsiblemente habrá de convivir décadas con sus conciudadanos.

Hoy se le pasará la efeméride de Normandía. Además, ayer volvió a demostrar una casi sublime impotencia para rectificar errores. Sus mimbres de soberbia adolescente producen escalofríos. «He realizado todos los esfuerzos posibles para alcanzar la paz y abrir un marco de convivencia para todos en el que pudiesen defenderse democráticamente todas las opciones y supere todo enfrentamiento». Tenemos a un jefe decidido a no aprender nunca nada.

Desde poco después de que hiciera él la primera comunión, se podían defender todas las opciones. Salvo a tiros. No necesitábamos a un jefe de Gobierno que abonara la tesis de ETA de que no era así. Y los enfrentamientos estaban todos superados salvo ese que construye quien te mata para incomodar a otros.
Más esencia propia: «el futuro de los vascos depende y dependerá de ellos mismos». Ganas irrefrenables de encontrarse a mitad del camino hasta con el peor delincuente. No. Los vascos tienen la inmensa suerte de que su futuro depende de lo que decida la nación española, que los protege de quienes quieren secuestrarlos y lo consiguen en parte gracias a complicidades internas y externas tan inmorales como incomprensibles.


domingo, 19 de enero de 2014

MENESTEROSIDAD EXISTENCIAL

Por HERMANN TERTSCH
ABC 04.06.07

Hace muy bien el líder de la oposición española, Mariano Rajoy, en enviar a colaboradores a París y Berlín para que intenten entender y transmitirle lo que ha sucedido últimamente en estas dos capitales de las principales naciones continentales. Política y culturalmente. Esperemos que cuando informen de ello no intenten adaptar demasiado a «las circunstancias propias» las ideas captadas. Muchas cosas son más fáciles de lo que parecen. Hay que recordar que hubo bienintencionados bolcheviques de primera hora que creían podían interpretar los mecanismos de avituallamiento de las grandes urbes europeas para aplicarlos a las ciudades del nuevo poder soviético. Se toparon con grandes problemas. Creyeron poder vencerlos con sofisticadas técnicas, artificios compensatorios o argucias organizativas. En realidad, nada les habría sido más fácil para lograr los resultados de los sistemas de suministro y transporte de Londres que haber imitado al Gobierno de Su Majestad en su forma de gobernar.

Rajoy y su partido tienen ante todo que admirar y emular de las opciones gobernantes en París y Berlín la claridad, la falta de miedo y resignación y la voluntad de dar un giro a la percepción que la ciudadanía tiene de la política para que de la asumida deriva surja con fuerza la voluntad de recuperación. Se trata, ni más ni menos, que de recuperar la ciencia frente a los curanderos y el sentido común frente a la ideología débil y vaga. Se trata de recuperar no sólo años perdidos por una basura intelectual y moral que se basa en el igualitarismo impuesto, en la liquidación, persecución y degradación de la excelencia y la individualidad y en la continua profanación de los bienes de la cultura y tradición que al final pueden resumirse en esa simple y modesta palabra de «respeto». El desprestigio del respeto a lo que no es propio es lo que une al izquierdismo de los Zerolos con el ultratumbismo de los polacos Kaczyinskis. Recuperar ese respeto en una sociedad occidental que se respete a sí misma es el gran reto cultural y metapolítico de una Angela Merkel que es niña de una dictadura comunista y un Nicolas Sarkozy que es hijo de un húngaro y una judía griega. Aquí, en estos casos, sí que hay abuelos que no son inventados.

Valores no negociables

Si en algo se demuestra esta diferencia de calidad en la política es precisamente en ese respeto a ciertos valores no negociables. No debiera haber diferentes formas de calificar a la dictadura castrista y sus crímenes como no hay diferentes calificativos para valorar una ablación de clítoris, ni una violación a una niña, ni el tráfico de órganos de reos ejecutados. Para la próxima movilización electoral le puede ser muy útil a Zapatero y a Moratinos enfrentarse a Bush y a la «mano negra de Condoleeza Rice» (Rosa Regas dixit) como grandes adalides del régimen cubano. Ayer, escribo estas líneas desde Viena, en la abadía benedictina de Göttweig junto al Danubio, preguntaba el ex ministro polaco Meller, que cómo era posible que en Europa alguien impidiera el consenso para una política de condena rotunda y explícita del régimen de Castro. En el auditorio, desde el primer ministro portugués José Sócrates, al vicecanciller austriaco Wilhelm Molterer pasando por decenas de políticos europeos, nadie dudaba que se refería a España.

La oposición española ha de plantear a la sociedad que no puede resignarse al insulto barriobajero de comisarios políticos, a la utilización de la Policía y la presidencia para hacer dossieres sobre adversarios, empresarios o manifestantes, a la calumnia impune, a ocultar casos de colaboración con sospechosos de la financiación de ETA ni a siniestras componendas de fiscales con etarras y viceversa. Y tendrán que combatir el régimen de clientelismo magrebí que domina diversas regiones gobernadas por los socialistas y otras secuestradas por nacionalistas o socialistas que ya también lo son. Sin olvidar combatir a sus propios caciques. Pero ante todo tendrán que hacer creíble al electorado que quieren hacer una política contra la mentira y más aún contra la nada. Contra esa nada solemnizada que es la esencia del presidente del Gobierno español cuyas cortinas de humo para ocultar su inanidad cada día son más tóxicas.

Quincalla moral

España no es la URSS de los veinte -en eso aún todos los españoles estamos de acuerdo- y hasta el mayor pesimista reconocerá como improbable la posibilidad de que incluso este gobierno por mucho que se prolongue supere el abismo de calidad, tiempo y espacio que separa estos dos mundos. Aunque ademanes, rictus y talante de responsables del Gobierno nos hagan pensar que alguno querría. Porque quincalla moral era aquello y lo es el universo político que revelan silencios, vaguedades y mentiras del jefe, la audacia en la tergiversación de la realidad -no ya pasada sino presente- de sus capataces de la justicia y las grandes construcciones y juegos de ingeniería jurídica, política, histórica y sentimental de sus ideólogos imaginativos e innovadores.

Pero llegados al punto en el que estamos, en el que delincuentes y sus cómplices dan a diario en España, a través de todos los medios de comunicación, consejos a los demócratas sobre cómo comportarse y les advierten sin recato sobre las consecuencias de no obedecerles, hay que advertirle a la oposición de que tiene ya la obligación de poner fin a esa incertidumbre que ha mantenido. Y que ante la gravedad de la crisis nacional, sus líderes habrán de asumir una seria responsabilidad si, cuando existen razones fundadas para pensar que la sociedad española puede poner fin a este disparate, lo impide con querellas internas y fobias y filias u otras frivolidades. Gran parte del socialismo español parece haber decidido a hundirse con Zapatero. Triste, pero la oposición no puede seguirle. Porque en política y en todo los huecos se llenan. Dice ahora Ruiz-Gallardón que Zapatero cruza con Navarra la raya roja de la Constitución. Muchos creemos que lo ha hecho mucho antes. Pero desde luego había que ser iluso para creer que no lo haría. No lo son Mariano Rajoy ni Esperanza Aguirre y muchos otros. Pero seamos claros. Sin aspavientos ni soflamas puede transmitirse al pueblo español no solo la percepción del riesgo que para su seguridad y también, sí, su prosperidad y la de sus hijos supone Zapatero. Es ante todo necesario denunciar la profunda menesterosidad existencial en la que se ha hundido voluntariamente Zapatero ante ETA y en la que amenaza con sumirnos a toda la sociedad española si no reacciona.

Poder intimidatorio

Se ha tenido miedo en estos años de la virulencia del huracán descalificador de un izquierdismo cada vez más sectario, agresivo y manipulador. Muchos han sufrido el inmenso poder intimidatorio que despliega esta hegemonía izquierdista nacionalista, de planteamientos patéticos y argumentos mentirosos. Ahí está gracias a los temerosos, sobre todo. Ahí está como la Puerta de Alcalá y se cree aún un rey vestido. Los enviados a ver a Sarkozy y a Merkel tienen que volver convencidos de que se puede y debe, por responsabilidad y patriotismo, hacer frente al ejército de aparatchiks de la selección negativa, reivindicar la razón frente al pensamiento mágico totalitario y sectario y crear una mayoría en España con fuerzas que crean en el estado de Derecho, en el individuo y en el trabajo. Una mayoría antitética a la actual.


EL ATLANTISMO Y SUS ENEMIGOS

Por HERMANN TERTSCH
ABC 31.05.07

Parece una mala broma que este aniversario de nuestra decisión de ingresar en la Alianza Atlántica -la mayor organización de defensa de la democracia, las libertades y los derechos humanos que jamás ha existido- se produzca cuando España está perfectamente al margen y en la profunda irrelevancia y todo el escenario internacional se ha puesto en perfecta ebullición.

El diálogo franco-alemán entre Angela Merkel y Nicolas Sarkozy está en marcha como no lo había desde hace más de una década y tiene perfectos visos de sintonía tanto con la Casa Blanca como con el nuevo Congreso en Washington. Gordon Brown o George Cameron van a ser con seguridad un perfecto pie del trípode, gane quien gane en su día. La presidencia alemana acaba de celebrar una cumbre con los ministros de Asia, los líderes norteamericanos no dejan de llegar a las capitales europeas y la administración Bush siempre reacia, ya no es obtusa en cuestiones de medidas sobre el cambio climático. Rusia tendrá que recapacitar sobre su actitud porque todo indica que a Putin se le han acabado las ostentaciones de prepotencia. Empieza a haber una coordinación entre europeos para demostrarle al nuevo Kremlin de viejos hábitos que no puede portarse ni en casa ni fuera como un «hooligan» con Polonio 21. Y si Washington no ha estado muy acertado en negociar de forma bilateral con miembros europeos de la OTAN la creación de un escudo antimisiles, Rusia sabe muy bien que este programa no se dirige contra él. Por eso su lanzamiento de un misil estratégico en los últimos días es una nueva ocurrencia muy definitoria del carácter actual del Kremlin.

Y España en Babia. Porque quienes vienen como Sarkozy mañana, le tienen tan cogida la medida y tan perdido el respeto a este Gobierno como cualquier jefe de policía de un país subsahariano con costa o sin ella. Nuestra democracia se dedica a jugar a proyectos milagreros de experimentación social tercermundistas que nada tienen que ver con la democracia, la dignidad y la libertad individual y los derechos humanos. Y acaba imitándola en sus actitudes hacia dentro y hacia fuera. Por eso tiene toda la razón la secretaria de Estado Condoleeza Rice cuando expone su sorpresa por el abismal contraste que demuestra el actual Gobierno español entre la solidaridad negada a los presos y perseguidos en las dictaduras actuales y su graciosa mitología de hipersensibilidad infinita ante cualquier preso y represaliado del pasado que le pueda ser conveniente recordar o inventar. Por eso desespera e indigna que nos insulte el Gobierno español con supuestas negociaciones sobre derechos humanos en Cuba. Como en España con el llamado proceso de paz, nos han convencido ya de que son más veraces los delincuentes políticos, dictadores o terroristas como Chávez, Pérez Roque u Otegui que el Gobierno legítimo de los españoles. Angustia que el señor ministro Miguel Ángel Moratinos no haya convocado todavía al embajador venezolano para explicarle que para tener buenas relaciones con la democracia española, su país no puede aplastar las libertades de sus ciudadanos. En Caracas son heridos de bala estudiantes que se manifiestan contra el obsceno atropello a sus libertades y a la democracia que supone la liquidación de una televisión libre y la amenaza generalizada contra los demás medios.

Y apabulla la actitud española, tras el brote claramente antisemita del socialismo español del pasado verano, ante la situación en los territorios ocupados en Palestina donde facciones terroristas diversas, luchando entre sí, organizan competiciones para ganarse el humor del público matando civiles israelíes en poblaciones cercanas a Gaza. Dos comunicados ha hecho ese ministerio enfadado y en ninguno se le ha ocurrido citar los cohetes que atacan Israel sin provocación alguna.

En Heiligenstamm, en el Báltico, donde la burguesía del ocaso del Imperio Guillermino, Weimar, después los nazis y por supuesto los comunistas, montaron sus playas desangeladas y sus balnearios, se celebra la próxima semana la cumbre de los G-8. Allí se reúnen líderes de los países más poderosos para cambiar el curso de los acontecimientos. Dirigen países muy distintos con intereses diversos y muchas veces enfrentados. Y sin embargo electos todos buscan fórmulas de mejorar este sistema de libertades que tan prósperos y libres han hecho a tantos millones de habitantes de este mundo. Sus enemigos, tan de moda, son producto de esa libertad que sus sociedades generan pero la destruirían con una mínima victoria, incluso parcial. La mamarrachada de uso tan común últimamente en España de que la grandeza de la democracia es aceptar a todos sus enemigos con todos sus métodos a cualquier precio es una estafa más del totalitarismo como tantas habidas en el trágico siglo XX.

En España, hace 25 años cuando tuvimos la suerte y el honor de ingresar en la OTAN, hubo muchas dudas sobre la necesidad del alineamiento político y militar, con sus costes inevitables e imprescindibles, con las grandes democracias del mundo. Se hizo gracias a Felipe González. Con un éxito, por cierto, que solo los peores necios e insensatos se atrevieron a lamentar. Peor es que tantos años después de comprobada la profunda razón política y moral que llevó a los socialistas españoles a adherirse al compromiso de la defensa de Occidente, el odio primario e ideológico en contra de esos valores se haya convertido en bandera de quienes han jurado defender nuestra propia democracia, su integridad y seguridad.


RESISTENCIAS A LA INFAMIA

Por HERMANN TERTSCH
ABC 28.05.07

Parece claro que, en lo llamado el escenario de la relevancia nacional, son mayores las consecuencias de la grotesca campaña que las habidas de las votaciones de ayer. Se ha causado tanto daño a la autoestima política, al discurso nacional general y a la capacidad de autodefensa del Estado de derecho frente a sus enemigos en lo que era una lucha ideológica de concepto de Estado que, reducida a las pequeñeces diversas de las pugnas locales, parece que no ha pasado nada. Pueden consolarse aquellos que subrayen con razón que el Partido Popular ha sabido defenderse, frente a un tsunami de infamias, en sus principales plazas fuertes. Frente a la sistemática agresión, siempre ideológica y muchas veces personal pero también muy efectiva y constante en el terreno de la economía, las inversiones y los afectos al ciudadano. Madrid y Valencia son los grandes buques del desarrollo liberal, inteligente y no ideológico.

Pero lo terriblemente cierto es que no se hunde ni mucho menos la permanente infamia conceptual del proyecto lanzado por ese Partido Socialista de Rodríguez Zapatero, con su cúpula sectaria de neopensadores mágicos y sus cómplices nacionalistas. No parecen generar el rechazo que merecen sus propuestas de desigualdad territorial, su inseguridad jurídica y ética ante la agresión terrorista y la inanidad moral de que hacen gala en política interior, de seguridad y exterior. El único partido de oposición, el PP, ha fracasado en liderar una revuelta nacional que requería sin duda un cuerpo social más activo para hacer frente a la agresión continua que sufren las libertades agredidas por socialistas y nacionalistas. España no está mejor después de estos resultados. Mantiene refugios pero eleva su alarma ante la amenaza a sus libertades que, nadie lo dude, Zapatero y sus aliados suponen.

viernes, 17 de enero de 2014

LOS JUDÍOS DE ODÓN

Por HERMANN TERTSCH
ABC 26.05.07


«La Guardia Civil ha detenido en la aldea de El Rocío a D.M.P., de 23 años y vecino de Almonte, por morder a un agente cuando éste trataba de impedirle que saltara la verja de acceso a la imagen de la Virgen del Rocío». Esta noticia del abc.es de ayer me puso en guardia sobre los inmensos reflejos que puede tener este Estado de Derecho cuando se le ofende en serio. No nos falla la autodefensa. No en El Rocío. Ni en las comisarías del izquierdismo catalanista del señor Saura. Allí molestas y se te muerde hasta la ingle. Es lo que tienen las palizas policiales antifranquistas. Son progresistas y nacionalistas. Incluso yeyés.

Es fantástico el entusiasmo antisistema. Y sin embargo, ante la ola de terror en todo el País Vasco y no sólo allí contra la opción constitucional española que es ya únicamente el PP, nadie detiene a nadie. Muy curioso todo. Cuando las instituciones tienen vocación antisistema se convierten en ambientes creativos. ¿Quién se queja? El llorica. Español, disidente o judío.

¿Qué decir de San Sebastián, ese sitio en el que tan bien vive todo el mundo y la banda de indeseables que se queja porque los amenazan o apalean están más solos que la una? Banda de indeseables todos esos que van de víctimas porque les mataron a alguien o los quieren matar a ellos. «Si los judíos siguen con su campaña antialemana en EE.UU. puede pasarles cualquier cosa», advertía Göring ya a mediados de los treinta. A los españoles que no quieren ser Odón ya les quedan pocas opciones serias. Gracias al Gobierno pueden con suerte trabajar en Madrid, jubilarse en Alicante o reposar en Polloe. Están avisados. Odón tiene sus orejas intactas. Ha institucionalizado los plenos en los que los chicos-chicas del pelo con tomatierra, pendientes unisex y pancartas de avisos con diana, dicen quién puede estar cómodo. Odón siempre lo estará y sabe quienes son judíos.


PUTIN, EL MIEDO Y NOSOTROS

Por HERMANN TERTSCH
ABC 24.05.07


La Justicia británica, tan cauta ella, ha tardado seis meses en llegar a unas conclusiones que algunos consideraban seguras ya aquel 23 de noviembre en que moría en un hospital londinense el ex agente del KGB, Alexánder Litvinenko, envenenado con material radiactivo Polonio 210. La Fiscalía británica ha acusado oficialmente del crimen a un antiguo compañero del muerto, el ex agente y hombre de negocios Andrei Lugovoi, perfectamente localizado en Rusia. Y la ministra del Foreign Office, Margaret Beckett, tiene tan sólida certeza de las evidencias de la Fiscalía que convocó de inmediato al embajador ruso en Londres para exigir plena cooperación de Moscú en la puesta a disposición judicial del presunto asesino, con su eventual extradición incluida.

El régimen de Vladimir Putin ha respondido con inhabitual prontitud. Lamentablemente -asegura- su Constitución no permite la extradición de ciudadanos rusos. En esto coincide la rusa con gran parte de las Constituciones democráticas del mundo. Pero la cuestión no puede quedar ahí aunque la prepotencia que despliega Putin y la disposición de muchos países europeos a aceptarla como fenómeno inevitable hacen temer lo peor.

Explicaciones a Putin

En Londres, en pleno traspaso de aperos gubernamentales o en la UE en ausencia de poder coordinado parece difícil salvo un impulso de Angela Merkel y Nicolas Sarkozy. ¿Habrá alguien desde el mundo democrático que exija explicaciones al presidente de Rusia y dueño del grifo de nuestras ansiedades energéticas? Londres, Berlín, París y Washington debieran ser conscientes de lo que se juegan ante este nuevo hito en la deriva de Rusia desde una democracia, incompleta y probablemente no del todo viable, hacia un Estado rufián que, en la peor tradición del Kremlin, encarcela a sus críticos, intimida a todos y mata a los incorregibles dentro y fuera de sus fronteras. Nadie puede ya hacerse ilusiones de una Rusia como sociedad abierta, pero es inaceptable que se propugne la resignación ante la reaparición de un régimen criminal a cuyo máximo líder se otorgan honores y atenciones por parte de democracias indecentemente obsequiosas.

Dictador nervioso

Especialmente la agresividad de dictador nervioso de que hizo gala Putin la pasada semana al detener a diversas personalidades críticas, entre ellas al excampeón ajedrecista Kasparov, cuando pretendían protestar contra la falta de libertades durante la reciente cumbre entre la Unión Europea y Rusia, demuestra por un lado que el Kremlin ha vuelto a sus raíces bolcheviques en la represión de la protesta interna y externa. Refuerza además la convicción de los servicios secretos occidentales de que, bajo Putin y gracias a la inmensa liquidez de Moscú por los precios del crudo y del gas, ha vuelto a poner en marcha con el FSB (sucesor del KGB) el aparato de información y la red de intervención clandestina más importante del mundo. En el espionaje industrial y científico, como en la intoxicación y manipulación política, en la intimidación de la disidencia interna como en la neutralización de la emigración, el FSB está presente en todas las capitales y los conflictos del mundo y lo está con más medios de los que nunca soñó tener el KGB. Y con la confianza en sí de antaño.

Litvinenko no fue asesinado por una vulgar desavenencia entre colegas de la escuela del chequismo de aquel puntilloso aristócrata polaco y amigo de Lenin que fue Félix Dzershinski. Litvinenko cumple la función de medio y mensaje de forma aterradora. Fue un agente formado para el crimen, desertó al huir a Londres con uno de los grandes magnates Boris Berezovski que osó hacer frente a Putin. La cheka, el KGB, el FSB, -es lo mismo- ha vencido a los nuevos ricos y a los demócratas. Pero tiene que hacerles sentir que su largo brazo llega a todos los rincones del globo. Matar con material radiactivo supone un mensaje añadido contra los países que protegen a sus críticos o pudieran tener tentación de cuestionar su conducta.

Incómodo testigo

Porque Litvinenko, ya lo sabemos, no sólo era testigo de las órdenes de liquidar a opositores como Berezovski, sino también de las grandes tramas con las que Putin llegó al poder como aquel atentado contra el edificio de apartamentos en Moscú que utilizó para su cruzada en Chechenia. Ahora se ha dado obviamente un paso más. Putin ha hecho uso de un arma radiactiva contra un disidente y advertido así a un tiempo a sus enemigos dentro y fuera, individuos, partidos, grupos y Estados. Y se han dejado huellas, radiactivas, para que el aviso cunda. Es un aviso más.

Antaño el KGB delegaba en gran parte sus trabajos más sucios como operaciones de intoxicación política o muerte civil de adversarios, los asesinatos de disidentes o atentados magnicidas como el de Juan Pablo II, a sus franquicias del Pacto de Varsovia. Esto ha cambiado mucho y alarma ya en muchas capitales europeas.

Ostentación de presencia

El FSB se desenvuelve con la seguridad -se subraya- de quien no tiene inconveniente en que se perciba y se tema su creciente influencia y omnipresencia. Bajo Putin la Lubianka renace y vuelve a ser temida como cuando nadie en Rusia podía estar seguro de no desaparecer en sus pasillos.

Putin, coronel del KGB, ha sabido imponer respeto y miedo, premisa que ya tenía la policía zarista, la Ojrana. Hay orden en el país, al menos a simple vista y eso ha tranquilizado a los vecinos y especialmente a los clientes del presidente Putin.

Falsa calma

Pero nadie debiera mecerse en la seguridad de que esa estabilidad es auténtica y perdurable a un año de que Putin amague irse a la sombra al no presentarse a la reelección. Los Estados que requieren tanto miedo, tanta policía política, tantas muertes de empresarios o funcionarios y tanta intimidación no son nunca lo estables que parecen. Un Kremlin que no tiene otra opción política alternativa a los lacayos de Putin y el FSB puede vivir de generar miedo hacia el interior y asustarnos a los demás con la ostentación de su poderío energético. Pero no es un sistema sano por más de higiene bonapartista que ponga. Es una cloaca moral dentro y fuera del Kremlin. Esta frase cuadraba también para los tiempos de Chernienko y Andrópov.


jueves, 16 de enero de 2014

VERGÜENZAS Y ASIMETRÍAS

Por HERMANN TERTSCH
ABC 20.05.07

Yerra dramáticamente el jefe de la oposición, Mariano Rajoy, cuando dice que el presidente del Gobierno calla sobre sus complicidades con ETA porque está avergonzado. ¡Caro iluso! No hay vergüenza que valga. Zapatero siente tanto pudor en negociar los avatares españoles con José Ternera como en organizarle a Usted una sesión de prestidigitación en La Moncloa para después ridiculizarle con sus peores amigos. Luego, querido registrador, no se crezca. Malo es que la vergüenza sea escasa. Pero peor que ya sea gratuito e inútil el flagelo de quienes en nuestra sociedad democrática, civil y moderna española sienten realmente vergüenza por lo que sucede y no pueden sumar fuerzas contra la infamia. Cierto que era imprevisible, inimaginable y injusto que los españoles sufriéramos este cruel ridículo del engaño de unos gobernantes que no nos ven ciudadanos sino tan lacayos como a sí mismos.


España ha sido ejemplo de dignidad, decencia y sentido común en tres décadas prodigiosas. Era absurdo pensar que la traición a la verdad y la probidad se convertiría en mensaje de un Gobierno electo. Todo comenzó como aventurismo sectario de un jefe de Gobierno insensato e ignorante que quiso convencer a ETA de que haría coincidir intereses comunes para unificar «como fuera» a los enemigos vocacionales de la «derecha española». Piensan que la traición granjea favores. Y que su simpatía hacia ETA tendría reciprocidad. Parece que los traidores saben menos de historia que los idiotas.

EL FRACASO DE LO PEOR

Por HERMANN TERTSCH
ABC 17.05.07


Nicolas Sarkozy ya está en El Elíseo. Ayer asumió el cargo, despachó sin mayores nostalgias -con corrección y poco más- a su antecesor, expresó con rotundidad la voluntad de cultivar las tradiciones más sagradas de la República Francesa con su culto a los caídos y se fue a Alemania a ver a la cancillera federal, Angela Merkel, quien por cierto ha vuelto a demostrar sabiduría muy discreta al no dejar ver todo lo que le gusta lo que ha pasado en Francia en este último mes. Sarkozy ya no es un fenómeno francés. En pocos días como presidente electo ha lanzado más desafíos a la política afable, mediocre y tramposa, que durante toda la campaña. Es con mucha probabilidad su llegada al Elíseo, que ayer se consumó, el mayor terremoto político en Europa desde la reunificación alemana. Su llamamiento a los franceses, a los europeos y a todos los que comparten los principios y valores de la democracia sin complejos -fruto de la mejor hermandad entre Francia y América- tiene visos de trascendencia política.

Con calado similar a aquel llamamiento con el que Juan Pablo II comenzó su victoriosa ofensiva contra la peor resignación de todas que era la de aceptar la falta de libertad, bajo la dictadura comunista, para medio continente europeo. No se trata de comparaciones imposibles entre aquellos retos del anterior Papa con los que un presidente francés asume hoy. Pero sí de recordar que romper costumbres de pasividad inducidas por el miedo es probablemente la tarea más ardua de un estadista porque exige no sólo coraje propio sino la capacidad de generar esa valentía -que hace mejores a los individuos- y unirla en la misma causa o en espíritu. Con esa empresa comenzó una revolución que acabó con el muro de Berlín. Hoy, 25 años después, se trata de acabar con la resignación de un sistema que ha llevado a los barrios marginales, a muchas regiones, a los parados y a ciertos sectores profesionales desprestigiados e infravalorados. Vencer a la resignación de las capas sociales paralizadas en su miseria en toda Francia y especialmente en la septentrional, inocular ilusión en los barrios, combatir el miedo cerval a los cambios en la administración, combatir los hábitos de cobardía, resignación y apatía, que estas últimas décadas han colgado como inmensas losas sobre las comunidades, son retos inmensos para los que Sarkozy necesita más que un buen resultado de las legislativas que habrán de dilucidarse dentro de unas semanas.

Sugerencias ridículas

Son muchos los que se han visto sorprendidos con todos los pies cambiados. Son los que ridículamente sugieren ya que Nicolas Sarkozy es una amenaza para la libertad de expresión. Los que se quejan de que se fuera a descansar al yate de un amigo rico y sin embargo no parecen tener la mínima objeción al hecho de que los vándalos del izquierdismo callejero hayan hecho realidad los augurios de Ségolène Royal y demostrado su respeto a las urnas quemando bienes ajenos. Quizás llega la idea de que a un rico amigo del presidente de la República se le puede admirar por haber llegado a serlo -¡cosa tan americana!- y no se le denigra. Quizás han pasado los tiempos en que Francia competía con España en ese deporte nacional de la envidia y consideraba que todos los ricos son ladrones menos los que pagan impuesto revolucionario, peaje ideológico o ejercen de pijerío de izquierdas.

Después de la contundente victoria de este hombre tan vilipendiado por el sectarismo de la paleoizquierda, ha habido reacciones curiosas y preocupantes. Con la violencia muchos empiezan a tener problemas que también se derivan de alguna forma de esa necesidad de integrar al terrorismo vasco en la comunidad civilizada, cosa a la que Sarkozy se niega. Si Patxi López entiende la violencia de ETA en el pasado y sus razones, los medios más dogmáticos y postrados del izquierdismo español han concluido que el vandalismo de los días posteriores a la victoria del nuevo presidente de la República Francesa se debió a que «no les gusta Sarkozy». Al parecer eso justificaba los asaltos como las sospechas contra el presidente que más rotundamente ha ganado las voluntades del pueblo francés en décadas.
Sarkozy ha ganado con un órdago contra la miseria intelectual violenta y el resentimiento institucionalizado. Habrá quienes no se lo perdonen pero parece que son más los que lo agradezcan. Así, Sarkozy puede estar poniendo una pica en un Flandes de la política marcada hasta ahora por la precaución bien llamada cobardía, el igualitarismo castrador y la envidia como máxima motivación del activismo político. Ningún país merece que se le adjudique a su campesinado el célebre dicho de que, preguntado por Dios y con la posibilidad de invertir su suerte, prefiera que muera la cabra del vecino a ver viva de nuevo la suya propia muerta instantes antes por un rayo.

Izquierdismo semiblando

Quienes alborozados desde los observatorios carpetovetónicos celebraron que los socialistas franceses, lanzados hacia la gloria por el impulso del izquierdismo semiblando de Ségolène Royal, tan femenino como antiguo él, ponía las cosas en Francia a favor de esa moda modistilla del pensamiento mágico de nuestro máximo druida leonés, han fracasado. Ha fracasado lo peor. Si por algunos fuera, realmente «Sapaterro» y «Sapatera» habrían conquistado el alma de Francia con sus bondades, talantes y tolerancias y la izquierda andaría ramoneando por esencias de los tripartitos catalanes o la simbiosis perfecta de espíritu antisistema y salario de la administración del Estado. Los franceses dejan claro que se toman en serio y son conscientes del momento histórico y los riesgos que se ciernen sobre nuestro orden político, social y cultural. Desoyen los llamamientos miedosos y conservadores en favor del «mal menor» al que apelaban al final todos los partidarios del izquierdismo triste y resignado de Royal. Han renegado del miedo y del tontiloquismo sentimental. Pueden estar orgullosos.


LA LOZA Y LA PARLA

Por HERMANN TERTSCH
ABC 15.05.07


Es probable que a estas alturas pocos españoles siquiera adviertan las características de la oratoria del presidente del Gobierno y de los demás astros de esa pequeña galaxia cerrada y autocomplaciente que lleva tres años amenazando e insultando a quienes no aplauden su forma de romper loza. Ni la ciencia más sabia nos explicará la trágica constelación que los puso donde están, primero en el socialismo español y después en el Gobierno de España. Pero siempre vino bien atender a la «parla» para establecer procedencia y calidad de visitantes inesperados. Chocante es la dicción del jefe, del secretario y mucha ministra. Y lo es ese despecho callejero que algunos llaman «rufianismo» y que siempre está presente en su palabra. Hace poco habría sido impensable en boca de un alto cargo del Estado. Cuando se comenzó a escuchar este lenguaje, la gente no percibió el peligro que escondía y anunciaba a un tiempo. Ahora cree que el Gobierno de Zapatero, sus palabras, sus gestos y sus actos son normales. No lo son en el mundo al que pertenecemos.

En la acción del Gobierno destaca la impotencia como rotundo resultado de la ideologización, la incompetencia y la frivolidad. En la retórica es aún más claro. Lo relevante es el uso permanente del insulto, la amenaza o el ademán intimidatorio. Siempre, eso sí, frente al adversario demócrata, al que proyectando la opinión sobre sí mismo cree débil. Ante el terrorista y sus cómplices despliega ademanes versallescos, no se les vaya a enfadar. Cuando los españoles vean en su enormidad la montaña de loza como el motivo de terrible enfado que es, será tarde para lamentar no haber advertido a tiempo el peligro de la parla.

domingo, 12 de enero de 2014

A MERCED DEL SOCIO

Por HERMANN TERTSCH
ABC 14.05.07

El Gobierno de Rodríguez Zapatero ha intentado de nuevo lo que en términos pugilísticos llamamos un «tongo», en términos económicos una estafa y en el campo de las relaciones humanas sencillamente una infamia. ABC cuenta en exclusiva esta «toma de contacto» que viene a ser un encuentro clandestino entre dos socios potenciales que quieren mantener a toda costa ocultos ante la sociedad eventuales acuerdos entre ellos que consideran tienen ambos interés en que se produzcan y que sean secretos. Que una de estas partes sea la dirección de una banda asesina y la otra una delegación del Gobierno del Reino de España, no revela en absoluto que se haya generado una nueva realidad por un supuesto cambio de actitud de los terroristas. Por el contrario, demuestra que el Gobierno español no tiene problemas para maniobrar en las sentinas más profundas para discutir con un grupo terrorista con vocación de permanencia un régimen de cooperación especial que permita a unos cumplir ciertos deseos y a otros evitar sobresaltos concretos. No es poco y todos los aliados de este Gobierno y de nuestro país deberían tomar nota de que Zapatero y su círculo íntimo conspirador en el proceso actuan realmente como un doble agente, de lealtades absolutamente indefinidas e imprevisibles.

No se sabe cuántas veces lo han hecho. Aunque los medios más comprometidos con el proceso y artífices de las intoxicaciones sistemáticas de un presidente de Gobierno convertido en un «dirty Dickie» leonés -tramposo como un Richard Nixon de agrupación de provincia, que ha de ir tapando una mentira con otra-, tienen ya problemas para difundir contradicciones casi continuas y han de recurrir a ridículas cortinas de humo sobre Irak o el ex presidente Aznar. También ellos son a la postre víctimas de la levedad insoportable de un presidente que demuestra cada vez menos respeto por la realidad y por las instituciones del Estado. Como tenía que ser, este nuevo encuentro con la cúpula asesina para buscar una salida a problemas comunes ha vuelto a salir mal porque todas las condiciones juegan ya en su contra. Hasta quienes no somos «Txeroki» ni Ternera sabíamos que Zapatero estaba en pánico ante la posibilidad muy real y perfectamente lógica de que ETA le volviera a meter prisa en el proceso.

En contra de lo pregonado por los medios comprometidos con la aventura del presidente, la bomba del aparcamiento de la T-4 de Barajas, en absoluto desmiente las concesiones pasadas perfectamente obvias. Todos sabemos que de lo que se trataba entonces como ahora con la amenaza de ETA es de imprimir el suficiente sentido de urgencia a las siguientes demandas y concesiones como para que el Gobierno esté literalmente con la lengua afuera buscando evitar el atentado mientras intenta desesperadamente tapar vergüenzas lo que siempre supone un grave deterioro del Estado de Derecho.

Las mentiras del Gobierno

Pero saber que las mentiras del Gobierno no nos confunden no es consuelo. Tiene razón Fernando Savater con su terrible llamada en su artículo «Casa tomada» en el blog de Basta Ya: «Ya no podemos hacer más. Ustedes, nuestros conciudadanos, tienen la palabra. Si refrendan electoralmente lo que hasta ahora se viene haciendo, sólo nos queda salir a la intemperie y buscar refugio dónde sea». Los demócratas de todo signo estamos asistiendo a la traición de ciertos círculos sectarios de la izquierda, hoy representados por Zapatero, Blanco, Madrazo, Llamazares y tantos otros a los principios de la libertad, la igualdad y la solidaridad. Entre la desesperación y la ira, quienes no quieren vivir en falta de libertad e indignidad permanente se plantean estas elecciones y las del año próximo como último hito en el que decidirse sobre el exilio interior o exterior en el País Vasco y en España. No alcanzan a entender la falta de reacción de ese cuerpo social español moderno y democrático ante unos atropellos tan brutales, ante semejantes desafueros, ante tamaña ofensa a la inteligencia y al sentido común.

Más que las agresiones físicas de los asesinos duelen las actitudes terribles de indiferencia, falta de apoyo y hostilidad que hieren día a día. Como las siempre obscenas declaraciones -siempre falsarias- del Fiscal general del Estado, la invención de nuevas ofertas -del nacionalismo muy bueno que ahora es don José Jon Imaz- para un acuerdo supuestamente antiterrorista cuando se viola a diario el existente y las grotescas descalificaciones contra el Partido Popular que gestiona personalmente el presidente del Gobierno.

En fin, el Gobierno ha tenido que volver a buscar un encuentro con ETA para impedir los malentendidos entre estas dos partes que llevan más de tres años creyendo o pretendiendo creer que pueden llegar a un acuerdo para beneficio común, a espaldas de los españoles, su Constitución y su seguridad. Aquí está el abismo al que se asomó en su día este aprendiz de brujo muy perezoso para el aprendizaje. Lo que ya comenzó como un monumental engaño a toda la sociedad española se ha convertido en proceso para salvar su propia vida política ante las amenazas del socio negociador. Sin reparar en costes. Como no se pudieron poner de acuerdo -porque Zapatero ha sabido crear expectativas y engañar en estos años mucho mejor a los demócratas que a los que no lo son-, los etarras pueden golpear en cualquier momento a la sociedad española y a las ansias infinitas de armonía del presidente. Zapatero les ha dado media ANV legal, pero como sucede con estos compañeros de viaje, lo quieren todo. Y ni a Zapatero ni a Rubalcaba se les pasará el miedo al atentado hasta después del 27 y el día después retornará el miedo y las demandas y las prisas y las advertencias y las angustias de quien ya está a merced de quien quiso como socio .


CATENARIAS Y CATADURAS

Por HERMANN TERTSCH
ABC 11.05.07

Comenzó hace sólo unas horas la campaña electoral y parece imponerse ya el augurio -bastante previsible por cierto- de que no va a llenarnos de orgullo a los españoles lo que debiera ser un concurso de ideas sobre el aumento de la calidad de vida, incluida la libertad, en ayuntamientos y comunidades autónomas y ya se anuncia por parte de algunos como el sacrificio extremo por mostrar lo peor de sí mismos. Y una auténtica catástrofe para la democracia en el País Vasco y Navarra. Y para la dignidad del Estado de Derecho. Y para la ciudadanía española en general. Los daños son inmensos y extensos. En su inmensa mayoría obra y gracia del Gobierno del Reino de España. Jamás los peores instintos nacionalistas periféricos habrían podido hacer tanto daño sin tan profunda complicidad en la metrópoli.

Los tres años de legislatura habida bajo esta nueva generación socialista de adoradores del pensamiento mágico que todo lo cura para los propios y a los demás condena, sugieren que las miserias y los alardes de la peor catadura pueden alcanzar cotas aún hoy insospechadas como las hoy asumidas eran inimaginables para la decencia constitucional.

A la espera de saber si la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, prefiere inaugurar las estaciones que construye en actitud de postración sobre una vía o directamente colgada en una catenaria, nadie dude de que estamos a punto de conquistar nuevas cumbres en lo que el siglo XVIII llamó el inmenso beneficio de ser gobernados por los mejores.


jueves, 9 de enero de 2014

EL POZO NEGRO DEL PASADO

Por HERMANN TERTSCH
ABC 10.05.07

Los intentos de manipular la historia con fines políticos son tan antiguos como la historia misma. Probablemente más en Europa que en ningún otro sitio y porque aquí «hay más historia de la que se puede digerir» (pudo ser Churchill, pudo ser Bismarck el autor de la frase en referencia a los Balcanes). Pero en los últimos tiempos, cuando creíamos que habíamos logrado unos ciertos denominadores comunes en el juicio del pasado sobre la base de los derechos humanos y el respeto a las víctimas y condena del crimen, la revisión maniquea de la historia y la profanación de la memoria vuelven a alcanzar cotas de intensidad perfectamente obscena en diversos países de Europa, no sólo en la España de los nietos justicieros. Los ejemplos van desde la tenebrosa ceremonia de exaltación de Stalin en que convirtió el presidente ruso Vladimir Putin, hace ahora dos años, la conmemoración del 60 aniversario de la derrota de la Alemania hitleriana, a las muchísimas majaderías e invenciones que los españoles hemos de escuchar, producto de la malísima memoria histórica de tantos nacionalistas e izquierdistas, poetas, actores o políticos. Lo cierto es que ya son historia a su vez los esfuerzos de honestidad intelectual y autocrítica respecto al pasado emprendidos por las sociedades más maduras y libres, sobre los que, por cierto, se basan las políticas más democráticas, dignas, veraces y finalmente eficaces del continente.

La reinvención polaca

El Gobierno de Polonia ha anunciado una nueva vuelta de tuerca en esta política involucionista de buscar cohesión entre sus confusos seguidores derechistas por medio de la localización, identificación o invención de nuevos enemigos dentro y fuera de sus fronteras. El pequeño partido de ultraderecha que el primer ministro Jaroslaw Kaczynski tiene en su coalición, la fundamentalista Liga de Familias Polacas, ha lanzado una nueva iniciativa para hacer desaparecer todas las huellas que puedan quedar en Polonia de los regímenes del nazismo y el comunismo. Como los únicos terribles monumentos que dejó el nazismo en Polonia son los campos de exterminio y alguna rampa que otra para cargar los vagones con rumbo al Holocausto -y nadie parece osar, al menos por el momento, a proponer su destrucción-, hay que deducir que el proyecto que ya apoya con entusiasmo el ministro de cultura, Kazimierz Yazdowski, radica en destruir monumentos a batallas de la Segunda Guerra Mundial y liquidar iconografía y toponimia que les parezcan poco acordes a los nuevos administradores. En este sentido, hay que reconocerlo, los gemelos Kaczynski y Zapatero se parecen como tres gotas de agua.

Memoria selectiva

Si no fuera grotesco y peligroso el sectarismo implacable que se asoma tras semejante iniciativa, sería divertido ver ahora cómo diferencian las celosas autoridades polacas una herencia comunista de la que no lo es en una ciudad como Varsovia, destruida en casi un ochenta por ciento de su superficie edificada en 1945 y por supuesto reconstruida en su totalidad después de que los comunistas se hicieran con el poder total. Nadie ha propuesto aún, que se sepa, la voladura del Palacio de las Ciencias y la Cultura, en pleno centro de Varsovia y regalo personal de Stalin a la ciudad. ¿Quieren hacernos olvidar los hermanos Kaczyinski que Polonia fue despojada de su soberanía por la Unión Soviética después de haber sido arrasada por los nazis tras sólo veinte años de independencia en el siglo XX? ¿Por qué motivo y con qué fin? Los monumentos soviéticos -y de los comunistas polacos que, aunque pocos, nadie olvide que existieron- son parte tan genuina de la historia de Polonia como el Castillo Wawel de Cracovia, la memoria de Marek Edelmann -ese gran hombre que sobrevivió al levantamiento y aún está allí para contarlo-, la historia de la dinastía de los Jagielones o los raíles de Oswieczim. Sólo las mentes mediocres y miedosas intentan destruir lo irrevocable por medio de la tergiversación, la mentira o el olvido.

Y no es una paradoja que este Gobierno polaco, que quiere olvidar todo lo que no le convenga, después tenga una curiosidad desmesurada por el pasado de sus ciudadanos. Hace unos meses aprobó una Ley de verificación que exige a los profesionales y funcionarios un juramento de no haber colaborado con los aparatos represivos del régimen comunista, algo tan genérico que equivale a exigir a cada polaco mayor de 45 años a autoproclamarse un resistente. El Gobierno exige así humillación y mentira a un tiempo. Quien con más gallardía y coraje se ha resistido a esta ley del resentimiento e intimidación ha sido Bronislaw Geremek, uno de los grandes hombres que con Michnik, con Mazowiezki, con Kuron, Bartoszewski y tantos otros escribieron las páginas de oro del levantamiento contra el régimen comunista y la hegemonía soviética y protagonizaron la gesta civil, intelectual y política que llevó al final de la división europea.

El orgullo báltico

Diversas democracias jóvenes de Europa central y oriental caen de nuevo en la mitomnía que fue origen de las peores desgracias en la región en el siglo XX. Las falsificaciones del pasado se multiplican otra vez. Nacionalistas en todas las capitales se dedican a bombear veneno desde los pozos negros del pasado. Malo sería que cayeran en esta triste y peligrosa actitud gobiernos como los bálticos, que han dirigido con pulcritud unas transiciones magníficas hacia la democracia y la economía del mercado. La disputa en torno al célebre monumento al soldado desconocido soviético en Tallin, capital de Estonia, demuestra también cómo se manipula la historia con fines muy actuales y prosaicos, cuando no abiertamente chantajistas. El bellísimo monumento se había convertido en punto de encuentro de una minoría rusa permanentemente agitada por el régimen de Putin contra el Gobierno estonio. Moscú, de nuevo convertida en gran capital de la mentira histórica, lleva ya más de dos años descalificando a las repúblicas bálticas como poco menos que estados sucesores del colaboracionismo nazi. Dicho esto por un Estado ruso que no oculta ambiciones, no es de extrañar que los pequeños bálticos se enfrenten a lo que, a su vez, es una manipulación grotesca de la historia. El martes, el Gobierno estonio y el cuerpo diplomático en Tallin celebraron un homenaje al monumento al soldado soviético en el cementerio al que ha sido trasladado. Sólo faltó un embajador, el ruso.


martes, 7 de enero de 2014

APACIGUAMIENTO MULTIDIRECCIONAL

Por HERMANN TERTSCH
ABC 07.05.07

MADRID. La Sala 61 del Tribunal Supremo ha hablado y nadie puede echarle en cara no haber hecho todos los esfuerzos por digerir con dignidad un platazo envenenado que Fiscalía y Abogacía del Estado -hablemos del Gobierno- le habían servido. Para disculparse de antemano por los problemas gástricos menos disimulables y más vergonzantes, el Tribunal deja claro en su sentencia que el plato era de vómito y muestra su plena convicción de que no lo era por casualidad o infortunio, sino por voluntad expresa del cocinero. No se podía pedir más a los magistrados. Quien quiera entender lo escrito en la sentencia sabrá a qué atenerse y compartirá la certeza de tantos millones de ciudadanos que consideran que el Gobierno tenía que haber hecho algo bien distinto para perseguir los fines que pretende perseguir y que si no lo ha hecho es porque lo que persigue es algo muy diferente a lo que simula pretender.

Muy pocos ilusos deben quedar ya en España que en algún momento dudaran de que ETA y Batasuna estarían de una forma u otra en las elecciones del 27 de mayo. Lo que ya desde luego no debe existir fuera del coro de la mentira dolosa es gente que niegue la voluntad manifiesta, intensa y nerviosa del Gobierno por intentar aplacar a ETA y a Batasuna buscándoles una fórmula tramposa para estar donde quieren estar. Hay acuerdo entre ambos en que allí, en los ayuntamientos, estarán. Para que no empeoren las cosas. No vamos a entrar aquí en disquisiciones jurídicas que no nos competen, pero sí podremos quizás adherirnos, a ser posible sin que nos llamen fascistas, a la tesis de que una banda de 256 elementos con proclamada voluntad común, en la que 133 son unos asesinos notorios en busca y captura, es una banda que merece ser disuelta o detenida en su totalidad. Resulta poco razonable pensar que quienes cabalgan con una mayoría de asesinos, con los que comparten organización (partido), intereses y objetivos, sean unos caballeros impecables.

Habría sido muchísimo más digno y probablemente menos gravoso a medio plazo para el Gobierno que su presidente hubiera proclamado a los cuatro vientos su convicción profunda de que Batasuna se redimirá en la administración y convencerá desde allí a su otra mano de que no debe matar a sus contendientes en las urnas. Aunque todos recordemos que Batasuna estuvo muchísimo tiempo en las instituciones financiando las redes del terror con el erario público y con los ayuntamientos convertidos en máxima fuente de información para sus asesinos.

«Nuevo mundo de paz»

Zapatero podía haber pedido un poquito más de confianza para esta noble tarea y los expertos en dársela se habrían lanzado a descalificar y criminalizar a aquellos que se la negaran. Con una apelación solemne a su buena fortuna y al nuevo mundo de paz y solidaridad que se apresta a inaugurar, debería haber defendido abiertamente la liquidación de la Ley de Partidos, el fin de la represión de Batasuna -por lo demás ya convertida en farsa- y la admisión oficial de que la responsabilidad de «la violencia» que desde la Transición ha causado novecientas víctimas mortales y miles de tragedias en España, es una responsabilidad compartida entre aquellos que desde ETA segaron las vidas de sus compatriotas inocentes y aquellos que, desde los sucesivos gobiernos democráticos, no supieron ver la necesidad de esa pulsión pacificadora que él ahora asegura ser capaz de imponer. Es de suponer que la mayoría de los españoles no tendría, de haber sido así, una opinión sobre el presidente radicalmente distinta a la que tiene.
Pero sí se habría ahorrado a millones de ciudadanos la impresión de que Moncloa y sus aledaños los consideran un atajo de cretinos a cuya escasa inteligencia se puede insultar.

Sucede sin embargo que la angustia en que se haya inmerso este Gobierno -en especial su jefe- ya obliga al apaciguamiento a ser multidireccional. Por eso sus máximos adalides están condenados a hacer unos equilibrios insanos que, al final, irritan a todas las partes supuestamente contratantes, no neutralizan amenazas y multiplican las inseguridades. El Gobierno pareció pensar inicialmente que le bastaba con apaciguar a los verdugos para que la paz quedara proclamada y el nuevo régimen del «frentepopulismo amable» de socialistas y nacionalistas de toda ralea llevara a los altares de la actualidad aquella bondad impoluta de una Segunda República dinamitada por curas, militares y terratenientes, es decir, por José María Aznar. No fue así. Surgieron unas incómodas e insolentes víctimas del terrorismo imposibles de apaciguar, dividir o someter por comisarios improvisados. Y se puso en marcha un movimiento de dignidad nacional que trasciende a la oposición.

«Concesiones obscenas»

Así los oscuros tratos de los conspiradores del socialismo vasco con Batasuna y sus capataces comenzaron a quebrarse por imposible cumplimiento. La T-4 no voló porque no hubiera cesiones del Gobierno -imposibles de ocultar ni con los cañones de humo tóxico a pleno rendimiento-, sino porque no hubo las necesarias y al ritmo exigido. Y el próximo atentado no se producirá por falta de ganas del Gobierno de evitarlo mediante concesiones tan obscenas como esta forma de permitir la entrada de Batasuna en los ayuntamientos. Por desgracia es probable el zarpazo de ETA porque el débil no puede apaciguar a todos al mismo tiempo y aumenta expectativas y apetito del insaciable. «El Supremo envía a Batasuna un mensaje para que cumpla la ley» dice Conde-Pumpido y se refiere a lo que parece un mensaje al Gobierno para que deje de incumplirla. El inefable ministro Bermejo dice que «el Supremo demuestra que el Gobierno tenía razón». Y que «no se pliega ni al entorno abertzale ni al PP». No parecen ver estos frentepopulistas, que coquetean equiparando a ETA con el PP, que hace tiempo que los hechos escoran al Gobierno socialista hacia un extremo lejano al consenso democrático entre españoles y también del europeo. Los insensatos esfuerzos por hacer compatibles sus deseos con la realidad llevan a Zapatero y sus remeros a intentar secuestrar a los españoles hacia mundos paralelos. Es deseable que la realidad se lo impidan.