martes, 24 de junio de 2014

UNA ALEMANA EN JERUSALÉN

Por HERMANN TERTSCH
ABC  20.03.08


Tanto se abusa de este adjetivo que ya da cierto pudor utilizarlo pero hay ocasiones en los que el significado de un acto político adquiere tal peso, dimensión y densidad en su carácter único que no puede calificarse de otra forma. Por eso ha sido realmente «histórica» la visita de la cancillera alemana, Angela Merkel, a Israel esta semana. Como lo ha sido su discurso, ante el Knesset (parlamento israelí) en Jerusalén. En alemán, para muchos israelíes la «lengua de los verdugos» del Holocausto, -algunos miembros de la cámara aún no pueden soportarlo y se ausentaron- la cancillera alemana hizo historia. La cámara había cambiado especialmente para ella las reglas que sólo daban el privilegio de hablar desde aquella tribuna a Jefes de Estado. Desde allí se dirigió a los parlamentarios pero su mensaje nítido y contundente iba destinado a todo el mundo y especialmente a los enemigos de Israel. Y proclamó que Alemania considera la seguridad de este pequeño Estado judío como propia y «jamás negociable». «Las amenazas a Israel son amenazas a nosotros». En la lengua de los verdugos llegó una alemana a Jerusalén para decirles a los israelíes que jamás volverán a estar solos como entonces, cuando un Estado alemán intentó exterminar al pueblo judío ante la indiferencia de la mayoría de los europeos y con la cooperación de muchos. Les aseguró que este Estado alemán no permitirá que otros nuevos enemigos, esta vez no con gas Zyklon B ni en matanzas multitudinarias, sino con la bomba atómica, preparen y concluyan aquella aniquilación que el nacionalsocialismo alemán perpetró en el siglo XX. La existencia de Israel es uno de los máximos símbolos de la victoria del mundo libre contra el nacionalsocialismo y contra todo totalitarismo. La alemana en el Knesset habló de historia con mayúscula, de principios irrenunciables y de compromisos irrevocables en defensa de la libertad y la sociedad abierta. Una gran lección.

En realidad, los actos de celebración del 60 aniversario del Estado de Israel no comienzan hasta mayo, pero Merkel ha querido adelantarse a las muchas visitas que se producirán entonces para darle a la suya el carácter único que el trágico pasado común de alemanes y judíos merece. Pero también para hacer una exposición muy personal de las razones, las muchas razones que tiene ella para considerar a Israel un bastión del mundo libre y de la sociedad abierta que no puede sucumbir sin terribles consecuencias para todas las democracias. «La seguridad de Israel es razón de Estado para Alemania». La defensa de Israel debe ser razón de Estado para todas las sociedades abiertas y libres.

El viaje de Merkel es uno que todos los líderes de las democracias habrían de hacer por dignidad, sentido de la historia y respeto a los valores que los elevaron al cargo. Obligados, no como ella por el pasado, pero tanto como ella por el presente y por el futuro de Israel y de todo el mundo que damos en llamar occidental. El 60 aniversario de la fundación del Estado de Israel llega en el momento idóneo para que las democracias occidentales proclamen su compromiso inquebrantable con la defensa de este pequeño Estado cuya existencia vuelve a estar amenazada como nunca desde 1967.

Desde hace ya un lustro, pierde fuerza la única solución pacífica que existe para el conflicto y que se basa en la opción de los dos estados, el judío y el palestino. Si en Israel costó mucho lograr una mayoría para esta solución -hace treinta años eran multitud los que propugnaban la colonización total de los territorios conquistados en 1967 y la expulsión de los palestinos hacia los países árabes vecinos- hoy la situación se ha invertido. La popularidad del fanatismo islamista, entre los palestinos especialmente pero también en el mundo árabe en general y en otros enemigos de Israel con el Irán de Ajmadineyad a la cabeza, ha hecho resurgir con virulencia el viejo sueño de convertir tarde o temprano al Estado de Israel en un breve paréntesis en la larga historia de la región, un «accidente» consecuencia de otro anterior que habría sido el Holocausto. Hamás, Hizbola, Siria o Irán, Al Qaeda y grupos similares no tienen el mínimo interés en avances en dirección hacia la constitución de un Estado palestino viable. Desde Teherán sólo parte un mensaje constante y retador que pide sufrimiento en espera del golpe liberador que restaure el honor del Islam con la destrucción del Estado de Israel. Nadie piense que la presidenta del parlamento israelí se dejaba llevar por la retórica el martes cuando pedía a Merkel, «tiéndanos la mano para evitar la condena de muerte», en referencia a la amenaza que todos los israelíes perciben ante los planes nucleares del régimen de Teherán.

Angela Merkel tiene la paradójica ventaja sobre sus colegas del resto de Europa occidental de haber crecido bajo una dictadura comunista, saber lo que es el totalitarismo y lo que es la libertad. Y los esfuerzos y el precio que ésta merece en su defensa. Por eso es incapaz de caer en los relativismos de otros, como nuestros inefables gobernantes españoles con sus solemnes juegos de la nada sobre la armonía en la Alianza de Civilizaciones con los enemigos de la civilización. Merkel tiene por el contrario eso que se denomina «cultura de defensa», una virtud denostada o sencillamente ignorada por tantos políticos europeos. Por eso sabe percibir las amenazas a la libertad propia en los ataques a la de otros Estados, comunidades o personas. Por eso es capaz de ir a Moscú y a Pekín y proclamar allí su preocupación por los derechos humanos mientras otros visitan estas capitales sin acordarse de ellos. Como tantos políticos centroeuropeos y antiguos disidentes bajo los regímenes comunistas, sabe que la libertad perdida por debilidad puede costar generaciones en ser reconquistada. Sabe que los enemigos de la libertad son implacables y utilizan y fomentan la confusión, la comodidad, la ignorancia y la cobardía en las sociedades libres. Pero sobre todo sabe que Israel no se puede permitir una derrota porque equivaldría a su aniquilación. Y es consciente de que las amenazas contra Israel son amenazas contra todos nosotros.

Israel es parte de la historia alemana y europea. Es evidente que Israel hoy no existiría como es si la Alemania nazi no hubiera asesinado industrialmente a millones de judíos. Ni si hubieran tenido las víctimas otros países europeos donde buscar refugio ante la ofensiva criminal nazi que comienza en 1934 con las Leyes de Nuremberg y concluye en las chimeneas de Sobibor y Auschwitz o en las terribles muertes por enfermedades y hambre en Bergen-Belsen con Hitler ya muerto.

Como no podía ser de otra forma, ciertos sectores de la izquierda europea se han apresurado a criticar a Merkel por no aludir a los asentamientos israelíes en los territorios ocupados ni a la triste situación en Gaza. A Gaza sí se refirió y con inmenso sentido común. Hamás es responsable de lo que allí ocurre, porque Israel, que se retiró unilateralmente de aquellos territorios, no puede tolerar que desde allí se bombardee diariamente a su población. Merkel cree en el derecho a la defensa propia. Otros pretenden que Israel renuncie a ella. No puede caer en semejante error quien tan larga memoria tiene. La cancillera ha estado ya tres veces en Israel y los territorios durante su mandato. Y por supuesto que ha tratado con los dirigentes israelíes sobre estas cuestiones políticas a las que aludió en el parlamento en Jerusalén como «la necesidad de dolorosas concesiones». La política israelí es muchas veces muy criticable y condenable. Y sin duda habrá de hacer muchas «concesiones dolorosas» para cualquier acuerdo cuando tenga interlocutores. Pero su derecho a la defensa propia sólo se lo pueden discutir sus enemigos. Pero, además, ha quedado claro que esta visita ha sido concebida personalmente por la cancillera como una proclamación de principios. Con siete ministros de su Gabinete en Jerusalén para elaborar con sus homólogos israelíes programas de cooperación a largo plazo, ella se ha centrado en la escenificación de este salto cualitativo que convierte a Israel en uno de los socios privilegiados de Alemania en un nivel que solo tienen Francia, EE.UU., Italia y quizás ahora Polonia. El Estado de Israel está, desde esta semana, un poco más arropado ante las tempestades de la historia que se adivinan. Lo necesita y lo merece.

TIMORATOS DEL CASINO

Por HERMANN TERTSCH
ABC  17.03.08


Está harto comprobado que hasta la peor subcultura de la izquierda española, la más zafia y desordenada, la más caótica e ignorante, tiene mayor instinto de supervivencia y lógica en la selección de sus prioridades que ese centro derecha liberal y conservador español convencido siempre de que el campo de batalla no pasa de ser un casino. Por eso no debe sorprender a nadie que desde hace ya más de una semana no oigamos más que discusiones entre los perdedores de las elecciones -el PP, por cierto- y su entorno cultural y mediático sobre las formas idóneas de hacer caso a los consejos de sus enemigos, que son aquellos que -otra vez ganadores, otra vez con trágica y efectiva intervención exterior durante la jornada de reflexión- persisten en regodearse en su interés por enseñar cómo volver a perder a alumnos tan aventajados en la materia como ansiosos de mejorar en ella. No hay día que pase sin que los vencedores dejen de cosechar alguna frase de portavoces del frente perdedor para cimentar su propia situación -en sí por lo demás frágil-, y debilitar la contraria, precaria por méritos propios antes y después de las elecciones.

En el submundo del Siglo XIX -en la literatura que lo describe- podrían haber encontrado los líderes del PP mejor consejo para hacer frente a quienes los quieren destruir que en las directrices adocenadas de sus asesores, en las cuitas adolescentes de fervor por el poder inexistente de algunos de sus dirigentes o sus trifulcas personales, siempre tan escasas cuando no se tiene el poder. Parece mentira que no se hayan dado cuenta ni Rajoy, ni tantos otros que debieran haberle ayudado más cuando era posible, que todos los rumores y ruidos, lamentos y consejos, que llegan de fuera no son sino trapacerías para intentar consumar urgentemente -porque la legislatura se adivina breve- esa destrucción de la oposición que Zapatero y sus huestes habían planeado para la pasada.

Dicen algunos asesores áulicos de la derecha timorata que Zapatero puede «haber aprendido la lección» y abrir una legislatura en la que prevalezca el Pacto de Estado, los acuerdos de buena fe y buena lid en la cooperación. Eso significa que algunos piensan que Zapatero ha descubierto de repente el valor de la palabra, el sentido del honor y el significado en las relaciones humanas de la rectificación y la humildad. Y que aseguran que nuestro iluminado caudillo se ha caído del caballo ahora, no en la derrota que impone necesariamente algo de reflexión, sino en una victoria que, nadie dude, considera él una confirmación «popular» de todas sus iniciativas temerarias que han dinamitado el tejido de la sociedad española. No hay que ser Merlín para saber que el asalto a las instituciones, la coordinación política con ETA y las fuerzas antisistema en general, el pacto global con los nacionalistas para hacer irreversibles los cacicatos en diversas regiones españolas y la formación de un frente general contra la «anti-España» liberal y conservadora es el único pretexto ideológico de una nueva casta, surgida de la selección negativa, que por lo demás sólo ambiciona la cohesión y solidaridad interna de la secta en el poder.

Es difícil decir quién comete más errores en el PP hoy en día, aunque parece lógico creer que son quienes escuchan al de fuera porque creen aún que es un adversario en la lucha por las ideas y no un enemigo que quiere destruirlos para acabar con la alternancia política en España. Los timoratos del casino. Pero la reorganización de la tropa, tras una derrota en una lucha política y cultural que deviene existencial, es responsabilidad de sus mandos. De ahí que quienes tengan aun ganas de luchar porque esta sociedad no se hunda en el lodo de la mediocridad, el relativismo moral, el desprecio al prójimo y la arrogancia y vocación totalitaria del redentorismo izquierdista, habrán de hacer cuajar una propuesta -también de liderazgo- que haga frente a una brutal ofensiva que recurrirá literalmente al «como sea» para imponer su imaginario político sectario. Zapatero sabe quien es su enemigo. Y no es ETA. Los timoratos del casino no lo tienen tan claro.

GOTOVINA, GUERRA Y CRIMEN

Por HERMANN TERTSCH
ABC  13.03.08


En el contexto nacional político y cultural que se puede sintetizar en los golpes de ingenio de Zerolo y Chiquilicuatre, hoy por hoy dos de los máximos representantes de la España de José Luis Rodríguez Zapatero, habrá quien piense que todo el mundo es Costa Polvoranca, rincón lumpen de copas, prisas y risas, donde el buenismo sonríe y jalea ansias infinitas de paz mientras blande bates de béisbol y amenaza con estiletes.

Pues no. Aún hay hechos a asumir con más seriedad que resignación y asco. Pongamos por ejemplo la apertura del juicio en el Tribunal Internacional de La Haya al ex general croata Ante Gotovina, por su presunta instigación y ejecución de crímenes de guerra durante el «Blitzkrieg» que, con enorme éxito militar y terribles consecuencias, llevó a cabo en ofensiva «Oluja» (tormenta) en agosto de 1995 con la que reconquistó la Krajina croata.

Esta vez no son militares y paramilitares serbios los acusados de crímenes de guerra en La Haya, sino croatas que protagonizaron la contraofensiva final de la guerra entre Serbia y Croacia antes del Acuerdo de Dayton.

El fiscal del Tribunal, el norteamericano Alan Tieger, que ha representado a la acusación en casos contra criminales de guerra ya condenados, hizo una brillante exposición sobre la situación en aquellos momentos. Y dejó claro que la muerte les ha ahorrado al que fue presidente croata, Franjo Tudjman, y a su ministro de defensa Gojko Susak de estar en el banquillo con Gotovina. Fueron los que le ordenaron que la ofensiva militar tuviera no ya como efecto colateral sino como objetivo principal la limpieza étnica de los serbios que desde hacía siglos habitaban y protegían, permanentemente militarizados y bajo órdenes de Viena aquella región fronteriza inestable entre el Imperio austriaco y Otomano.

De ahí la fiereza con que la Krajina, con su capital en Knin, se levantó contra la Croacia independiente en 1991 y la barbarie desplegada por la soldadesca serbia durante cuatro años. Algunos como Martic, el líder de la temida horda de criminales de los «marticevski» que mató a miles de croatas, se sentaron antes en el mismo banquillo. También Slobodan Milósevic, principal responsable, estuvo sentado allí. Él murió. Otros cumplen sentencia. Son éxitos del tribunal en su lucha contra la impunidad y la resignación.

Este juicio tiene importancia capital, moral y política. Lanza un mensaje claro a una sociedad serbia que sigue sin lograr el golpe liberador frente a su pasado y ha sido incapaz de entregar a dos de los máximos matarifes de la última guerra balcánica, Radovan Karadzic y Ratko Mladic.

En Croacia se ha producido la dolorosa catarsis inducida por el hecho de que su Gobierno apoye el juicio contra un general considerado por muchos como «héroe de guerra» por liberar un territorio croata que se había declarado estado independiente en el proyecto de Milósevic de la creación de la Gran Serbia. Esto ha supuesto uno de los mayores impulsos para la probidad y salud de la democracia croata. Serbia aun está en deuda. Las consecuencias de ello están a la vista.

Pero además, este juicio contra Gotovina es un hito más en perseguir la violencia militar criminal contra civiles. Deja claro que ni siquiera la reconquista de un territorio propio ni operación militar legítima alguna puede justificar limpiezas étnicas u operaciones de terror. Y que nadie, ni siquiera «héroes nacionales» como Gotovina pueden escudarse tras la acción de guerra para intentar justificar estos crímenes alimentados por el odio y la venganza.

Gotovina fue un gran general que se lanzó a una operación militar brillante que mancilló con el crimen masivo que ordenó y permitió.

Desde La Haya se recuerda una vez más que la guerra no es excusa para el crimen. Cierto que es una lección tan antigua como la guerra misma y conceptos como la piedad o la crueldad, pero aún no aprendida. Quizás nunca lo sea del todo. Pero sí resulta reconfortante que a veces nos muestren esa línea roja entre la guerra y el crimen.

ALEGATO PESIMISTA

Por HERMANN TERTSCH
ABC  11.03.08


Hoy se cumplen cuatro años del punto de inflexión de la historia de España iniciada con la aprobación de la Constitución. El 11-M supuso la brutal ruptura con la normalidad democrática por la que tanto habían luchado los españoles. El pasado domingo se ha confirmado en las urnas que la quiebra inducida por las bombas de los trenes entonces no suponía un paréntesis en una evolución hacia la plena homologación de España con los países modernos de la Europa democrática sino el principio de un proceso radicalmente distinto sin final previsible. Hoy (las urnas han vuelto a hablar) demuestra estar asentado. Durante más de un cuarto de siglo, la sociedad y su clase política protagonizaron una larga marcha para alcanzar a los vecinos europeos que nos llevaban siglos de ventaja en la construcción de una sociedad libre e instituciones fuertes.

Hace cuatro años, nuestro nuevo Gran Timonel inventó una singladura hacia objetivos más trascendentales en la conquista del Bien y sobre todo más comprometidos en combatir al Mal que considera afecta a la mitad de la población de la nación. Sus teóricos llaman ahora a ganar una guerra que, dicen, perdieron hace 70 años los buenos frente a una perversa alianza de obispos, terratenientes y generales. Esto sugiere que una cantidad exigua de enemigos fue capaz de ganar una guerra frente a las mentes de masas democráticas de socialistas, comunistas, anarquistas que defendían la república. Pero el Mal existe y no son los terroristas que pueden ser «hombres de paz» o «hienas» en virtud del trato que reciben del Estado de Derecho.

Ungido nuevamente y con mayor entusiasmo, han de crecer en el Gran Timonel las ansias por imponer sus intenciones de crear una sociedad de bondad infinita. Para tan alto fin todo vale. Ni sus mentiras compulsivas, ni sus errores catastróficos, ni su gestión incompetente, ni su temeridad, ni su aventurerismo, ni su infinita soberbia, ni el desecho de tienta que sus colaboradores suponen. Todo se le ha perdonado. Eso sí, cuando las dificultades del sobrevivir se impongan, la culpa recaerá en los antipatriotas. Contra ellos soltarán su jauría. No es anacrónico, es surrealista este frentepopulismo en el siglo XXI. Pero todos recordamos ejemplos de una constelación maldita que hunda conquistas y libertades.

Rompamos aquí con la épica. Zapatero ha logrado dividir a España en dos como desde un principio quiso. Su problema ha sido que pensaba que una de las dos, la suya, era mucho más grande que la otra. «No hay tantos obispos, lugartenientes y generales», habría soñado que le decía su abuelo Lozano. Pero ya tiene una segunda oportunidad. Y tiempo para que el universo imaginario de militancia zascandil que le es propia a él y a su soldadesca de propaganda siga difuminando la basura ideológica que nuestros hijos y nietos ven en cada una de las televisiones y escuchan y leen en su adoctrinamiento colegial. Así se crean mayorías en favor del Bien y militantes capaces de todo contra el Mal de esa España aviesa que somos aquellos que no obedecemos sus consignas. No hay ni que tener en cuenta el favor electoral que supuso para el Gran Timonel que la jornada de reflexión la protagonizaran los negociadores con ETA abrazados al ataúd de una víctima. Ahora tienen tiempo para convertirnos en esos «Niños sin Dios» de que hablaba Ödön von Horváth, capaces de delatar a sus padres por no ser suficientemente serviles al Gran Timonel. La debilidad mental y organizativa de sus rivales los ha hecho hoy casi imbatibles en el Kulturkampf. Eso no desmiente la perversión de sus planes. Confirma la vergüenza para quién no supo evitarlos.

domingo, 22 de junio de 2014

EL GRAN EJEMPLO DE URIBE

Por HERMANN TERTSCH
ABC  06.03.08


Nosotros los españoles, que hemos tenido un ministro de Defensa que recomendaba, se supone que a su tropa, que es mejor morir que matar, no somos hoy un ejemplo estelar de lo que supone una sociedad democrática y abierta decidida a defender su supervivencia y sus libertades, si es necesario por la fuerza. Todos los que tenemos un poco de alma de anglosajón hemos visto confirmados nuestros afectos al enterarnos que el más gamberro de los Windsor en varias generaciones, el Príncipe Enrique, ha pasado meses en primera línea combatiendo a nuestros enemigos comunes, los talibanes, en Afganistán. Por estos lares en los que se nos cuenta que la seguridad es gratis se habla de la guerra y el terrorismo con el mismo conocimiento que la ministra de Medio Ambiente despliega cuando habla de la caza y de la vida real del campo. Quienes dan lecciones sobre el mundo rural desde el césped junto a la piscina de una masía restaurada del Ampurdán, son -qué duda cabe- capaces de dar consejos al presidente de Colombia, Álvaro Uribe, de cómo tratar con deferencia a asesinos, terroristas, narcotraficantes y quienes son todo ello a la vez. Gracias a Dios o a la providencia, Uribe no les hace caso. Por eso Colombia, la anglófila Colombia, es más Churchill que Zapatero.

Groserías

El presidente Uribe cree firmemente en la democracia y la sociedad abierta. Y sabe quiénes son sus enemigos. Muchos europeos, mecidos en la seguridad geoestratégica gracias sobre todo al erario público norteamericano, parecen aun opinar que el presidente Uribe ha sido algo grosero ordenando una operación que costó la muerte al segundo jefe de las FARC, Raúl Reyes, la principal organización narcoterrorista que impide a Colombia ser el país próspero, articulado y normalizado que pueda liderar, con Chile, Brasil y México, un proyecto de libertad en Latinoamérica. Colombia tiene todos los mimbres para serlo. Se lo impiden unos pocos miles de asesinos, narcotraficantes y algunos políticos vecinos. Lo saben los populistas, los demagogos, los fanáticos del «viva la muerte» y los «turistas del ideal» que tan bien define en su novela Ignacio Vidal Folch. Éstos últimos son europeos, en gran parte españoles aunque no quieran y algunos también retozan en céspedes del Ampurdán.

Mentes saduceas

Uribe estuvo a punto de caer en una trampa que se le abría, no ya por perversas mentes saduceas, sino por la constelación maldita de la negligencia de Washington en el subcontinente, el humanitarismo premioso y publicitario del presidente francés, Nicolás Sarkozy, la imbecilidad política de muchos a este lado del Atlántico y las intenciones de algunos de sus colegas en la otra orilla. Uribe no cayó en ella por muy dolorosa que sea la opción tomada para toda persona bien nacida que tiemble, tema, sufra o rece por la suerte de los centenares de secuestrados de los terroristas, entre ellos Ingrid Betancourt. Con la magnífica operación en la frontera con Ecuador, el Ejército colombiano no solo ha matado a un enemigo de la democracia y a un asesino. Ha dejado en evidencia los vínculos de esos nuevos populistas de ese izquierdismo latinoamericano de nuevo cuño inspirado por Castro, financiado por Hugo Chávez y sus petrodólares y auspiciado por caudillos como Rafael Correa, con el terrorismo puro y duro que nutre la ofensiva totalitaria y el narcotráfico.

El presidente colombiano merece todo el aplauso y el apoyo de la comunidad internacional democrática. En su territorio se dirime un pulso entre dogma totalitario y sociedad abierta. Y los costes en muertos son conocidos desde hace años y se cuentan en miles. Por no hablar de las tragedias personales que a casi nadie dejan indemne. Pero los enemigos son pertrechados y alimentados desde países vecinos y desde allí y con connivencia de los Gobiernos de allí se organiza el gran negocio de la muerte y el terror del que Colombia intenta liberarse. Hugo Chávez puede desplegar tropas en su frontera. Correa puede patalear. Pero ningún defensor de la sociedad libre debiera dudar en qué parte está.

COLORES DE ZAPATERO

Por HERMANN TERTSCH
ABC  03.03.08


MADRID. «Hay que repetir la verdad porque la mentira se predica de forma continua. Muchas veces se enseña la verdad y el error a un tiempo y se recomienda adherirse a lo segundo. Hace días leí en una enciclopedia inglesa sobre las teorías de la creación del (color) azul. Se citaba primero la cierta de Leonardo Da Vinci e inmediatamente se añadía la errónea de Newton para a continuación adherirse a ésta por el hecho de que es la comúnmente aceptada», le decía Goethe a Eckermann en 1828. En este sentido no vivimos tiempos excepcionales, aunque bien estaría que nuestros juegos de verdades y mentiras se limitaran a los orígenes de los colores. Cuando se habla sobre los hechos en sí, los individuos deberían tener facilidad para llegar a conclusiones comunes. No es así.

Hoy lo verán millones de españoles en el debate. Los contendientes hablarán de países distintos y harán sus balances de la legislatura socialista que se parecerán tanto como las teorías del origen de los colores. No se pondrán de acuerdo en que en marzo del 2004 se generaban bastantes más de dos mil empleos y en que febrero del 2008 se destruían más de cuatro mil. Ni en que en 2003 se produjeron apenas cien actos de «kale borroka», y en 2007 casi eran 600. Esto no son interpretaciones de la realidad sino la realidad misma.Y sin embargo no cabe la menor esperanza de que ambos la acepten.

¿Por qué? Ante todo porque las dos banderías en las que ha logrado dividir a la sociedad española el Gran Timonel de La Moncloa ya no otorgan a las palabras el mismo sentido que se había acordado hace treinta años. De la misma forma que durante la Guerra Fría las palabras no significaban lo mismo demócrata occidental que para un líder comunista del Pacto de Varsovia. Volviendo a Goethe, dice Mefistófeles en el Fausto: «Ante todo, debéis aferraros a las palabras; entonces ingresaréis por la puerta segura; al templo de la certeza». Aquí para algunos las palabras ya no significan más que lo que la intención del momento dicte. Y en la siguiente situación basta con negar la intención para vaciar de todo significado a lo dicho. No se resiente el discurso, por no hablar del sentido del «honor». «Las palabras están al servicio de la política», dijo Zapatero. No creo que lo dijera para descalificar al Fausto a quien quizá tome por un cantante italiano. Lo dijo con esa convicción que surge tras su permanente impostura. Esa frase es su más franca declaración de «principios».

El combinado tóxico del redentorismo iluminado de Zapatero y su mala fe hacia los «desaprensivos» que no lo entienden ha causado tanto daño a este país como sólo un enemigo con muchos medios podía infligirle. Esta sociedad y sus instituciones tenían problemas homologables al entorno europeo. Hoy no es el caso. Este presidente, no homologable con ningún dirigente respetado, ha logrado llenar España de enemigos. Su éxito es una tragedia. Para que no la consume los españoles habrán de leer de sus labios sus verdaderas intenciones.

¿ADIÓS A BAD GODESBERG?

Por HERMANN TERTSCH
ABC 28.02.08


El partido de mayor tradición y más larga historia de la izquierda europea, el legendario SPD (Sozialdemokratische Partei Deutschland), ha entrado en barrena. Su presidente Kurt Beck y parte del aparato parece creer que la mejor forma de combatir a un partido de ultraizquierdistas y paleocomunistas que, bajo el muy poco honorable caudillaje de Oskar Lafontaine, ha conseguido ciertos éxitos electorales, ahora también en Hesse y Hamburgo, es acercarse mucho a él.

Tanto como para confundirse. En los últimos días, ante las dificultades de formar Gobierno en el estado de Hesse, aumenta la tentación de acabar con el veto de colaborar con quienes nunca se han distanciado del terror comunista que dominó gran parte de Alemania durante casi medio siglo y que bendicen la incautación y los métodos forzados de experimentación social. Con quienes no condenan el crimen, en resumen.

En su histórico congreso de Bad Godesberg, los socialdemócratas alemanes fueron los primeros socialistas europeos en proclamar su liberación de los dogmas del marxismo, de la lucha de clases y del rencor social, así como su voluntad de ser un partido popular y su aceptación de la validez permanente del mercado y la libertad en la democracia plural frente al utopismo socializante y redentor.

Recuerdo de la RDA

Ahora, en el mundo globalizado que tanto los confunde, en su angustia por encontrar espacios alternativos a sus adversarios liberales o conservadores, parecen querer salirse del corsé que suponía la decidida e irrenunciable defensa de las libertades individuales y la pluralidad. En Bad Godesberg, junto al Rhin, todos los delegados socialdemócratas, con la memoria del nazismo y la presencia permanente del comunismo en la RDA, sabían lo que había supuesto la cooperación, voluntaria o forzosa, con el totalitarismo comunista. Ahora, por desgracia, comienza a dar la impresión de que, como ha sucedido con los socialistas vascos -y después españoles- con el terrorismo etarra, el digno rechazo a la cooperación con el totalitarismo va cediendo ante la presión de ventajas políticas inmediatas, cargos, poder al fin y al cabo.

Política con terroristas

La profunda inmoralidad que supone coordinar la política con terroristas o totalitarios de un signo u otro ha dejado de ser un axioma, también en un país tan recargado de historia terrible inmediata como Alemania.

Puede que en un tiempo, facciones izquierdistas, competidores neocomunistas y radicales antisistema se disputen los restos de siglas y patrimonio de un partido que ha marcado como muy pocos el proceso del avance de la combinación de libertad, solidaridad y piedad en la evolución político social europea de los últimos 150 años.

Los socialdemócratas auténticos están alarmados ante las ligerezas con las que algunos dirigentes coquetean con un frentepopulismo marcado por el anticapitalismo y utopismos diversos. En este momento es la muy zapateril y juvenil líder del SPD Andrea Ypsilanti en el Estado de Hesse la que está dispuesta -¿les suena?- a aliarse con cualquiera, incluso un enemigo declarado del orden constitucional, con tal de acceder a la presidencia. En concreto, parece dispuesta a adquirir mayoría con Die Linke, el referido partido de Oskar Lafontaine unido a los mimbres que la Stasi y el aparato comunista convirtió en partido en la Alemania Unificada.

Déficit democrático

Puede que estemos -¡ay de nosotros los catastrofistas! -, y éste podría ser el hecho más grave sugerido por muchos indicios que se acumulan, por doquier y muy claramente en España, ante el momento en que la socialdemocracia se considera incapaz de hacer frente a la globalización desde una óptica democrática. Pero desde luego será difícil que sea el SPD -el de Kurt Schumacher, Willy Brandt y Helmut Schmidt-, la socialdemocracia europea de Olof Palme y Bruno Kreisky, la que sobreviva a este abrazo hacia compañeros de viaje que son el Willy Münzenberg de nuestros días, aquel virtuoso de la manipulación comunista al que sirvieron tantos socialistas y pacifistas.

Si el SPD entra como el PSOE en la tentación de armonizar su cooperación con fuerzas totalitarias con el respeto a la democracia, verá que es imposible. Lo malo es que ya en Bad Godesberg lo sabía. ¿Es necesario volverlo a aprender?.

martes, 17 de junio de 2014

ESPEREMOS SIN CREER

Por HERMANN TERTSCH
ABC  25.02.08


Esperemos que esta noche los candidatos de los dos grandes partidos, Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy, no cometan ningún error lo suficientemente grave como para que se lo tengan que reprochar generaciones futuras de españoles. Esperemos que cuando terminen de criticarse y acusarse de los males habidos y por haber puedan aún separarse con la certeza de que trabajan por el bien de la misma nación. Esperemos que tras su primer debate no apaguen el televisor los españoles con la convicción de que no tiene sentido hablar porque quien le disputa la legitimidad de su opinión y creencias y desprecia sus convicciones e inquietudes sólo espera un éxito de sus propias añagazas para confirmar la proscripción del enemigo como ciudadano. Del enemigo. Sí. Porque en estos cuatro años, de la mano del presidente «rojo» y «nieto» -eso sí, selectivo- según declaración propia, muchos españoles han descubierto que sus enemigos no son los que matan y ponen bombas.

No serían los que quieren destruir el primer gran contrato de convivencia que ha funcionado en una España libre que es nuestra Constitución, sino quienes forman parte de las denostadas «fotos del pasado». Esperemos que el primer jefe de Gobierno de la democracia, que nunca declaró serlo de todos los españoles hasta verse ahora en aprietos imprevistos, deje hoy de llamar «facha» a media España y acepte que las fotografías de víctimas de agresiones y atentados son mucho más deseables y amables que las fotografías de socialistas aliados con terroristas en un proyecto de destrucción del sistema a espaldas del pueblo español.

Esperemos que los dos líderes de una España polarizada como nunca lo ha estado en democracia -en la única democracia real habida en España, no en la idealizada por los ignaros que creen que Santiago Carrillo era mejor defensor de la democracia en 1936 que José Millán Astray- sepan ver que no hay que ser catastrofista para percibir que muchos españoles comienzan a pensar que el enfrentamiento civil es posible e incluso probable. Que hay más insultos, más descalificaciones públicas y más rupturas de relaciones personales que las nunca habidas desde que se balbuceó la mágica fórmula de la «reconciliación nacional» es un hecho incontrovertible. Y los responsables de una legislatura son quienes mandan. Aunque nadie sepa como llegaron a hacerlo. Esperemos que el joven presidente, responsable de la irresponsabilidad que nos ha llevado a un clima de enfrentamiento desconocido en España desde hace casi tanto tiempo como duró la dictadura, esté al menos durante un día -un debate- a la altura de las circunstancias. Esperemos que logre frenar sus instintos aviesos que siempre logran despertar «lo peor de uno mismo» como decía en un despiste sincero uno de sus muchos periodistas áulicos hace unos años en referencia a su odio a José María Aznar.

«Motivos para creer» dicen los socialistas que han de tener los españoles, sometidos al mayor serial de mentiras y falacias desde los partes «informativos» de los años cincuenta. Más preocupante que la fe pararreligiosa que exigen los socialistas son los métodos para sugerirnos lo confortable que puede ser abrazarnos a ella. No nos pidan, por mínima urbanidad, que creamos en quienes se regodean en su astucia por engañarnos durante las negociaciones para coordinar la política con una banda terrorista. Cuando un líder dice que hizo bien al mentir, estamos ante un trastorno de carácter que debería ser subsanada con una dimisión o una inhabilitación. Cuando toda la dirección del partido mayoritario y gobernante asegura ser feliz por la mentira reconocida de su presidente y la elevan a acto de sinceridad y patriotismo es que hemos llegado a niveles de depravación y relativismo moral propios de regímenes siniestros.

Esperemos que el debate transcurra sin las trampas de las que creo capaz al más inmoral de los presidentes que la democracia nos ha dado. Pero no hay «motivos para creer». Hay motivos para temer que la impostura sea la postura más eficaz. Y que los daños al interminable avatar de España en la lucha de sus mejores por ser una nación normal se vean una vez más truncadas por ambiciones disparatadas y mecanismos rufianes.

LOS MIRLOS NEGROS

Por HERMANN TERTSCH
ABC  21.02.08


Hasta Felipe González, normalmente razonable cuando habla de relaciones internacionales y no tiene que hacer de tripas corazón y defender a la secta de sus sucesores en el partido, habla de «la semilla terrible».

Las semillas terribles no están en un país que desde hace diez años es un protectorado sin otra viabilidad que la que ofrece el acceso a las condiciones normales de un Estado que le permita recurrir a los instrumentos internacionales para generar perspectivas de desarrollo, esperanza y la ruptura con un pasado negro de genocidio y opresión. Kosovo -cuyo nombre procede de kos (mirlo negro) en diversas lenguas eslavas- está produciendo -en España especialmente- una bandada de mirlos escandalizados que no dejan de llamar asesinos y terroristas a una población en la que es difícil encontrar una familia que no haya presenciado el asesinato de uno de sus miembros en los últimos veinte años. Este enconamiento es difícilmente justificable por muchos que sean los políticos españoles que hayan interiorizado las miserias mentirosas de los nacionalismos periféricos. Ahí -aquí- sí que hay semillas terribles.

En Kosovo Polje (el campo de los mirlos) perdió la Serbia medieval en 1389 su batalla definitiva contra el Imperio Otomano, que comenzaba así su conquista de los Balcanes hasta que en 1689, ante las puertas de Viena, se quebrara definitivamente su expansión militar tras la ruptura del asedio a la capital imperial gracias a la intervención de las tropas del rey polaco Jan Sobieski.

Desde 1455 hasta 1912, Kosovo fue tan turca como Albania, habitada siempre mayoritariamente por albaneses. Después de las guerras balcánicas, las potencias occidentales aceptaron la creación del Estado de Albania pero sin incluir a Kosovo, que le fue entregado a Serbia. Después de la I Guerra Mundial, entró por decisión de los aliados vencedores en la Monarquía Yugoslava, un estado artificial, pronto radicalmente dictatorial. Frente a los 450 años de gobernación turca, los noventa bajo dominación de dictaduras serbias -monárquica primero, comunista después- serían una anécdota si no hubieran sido mucho más terribles que la dominación de la Sublime Puerta que siempre dio un trato especial a los albaneses. La madre del fundador de la Turquía moderna, Mustafa Kemal «Ataturk», era albanesa. Los turcos de origen albanés en Rumelia y en Estambul son millones.

Entre Tito y Milosevic

Pero volvamos al presente. Durante una década, los albaneses en Kosovo sufrieron bajo Milosevic, como antes en los años 40 y 50, bajo el implacable asesino estalinista y ministro del Interior de Tito, Alexandr Rankovic, la más brutal de las represiones, y lo hicieron desde la no violencia propugnada por el líder Ibrahim Rugova. Tan sólo en 1995, cuando la OTAN, por iniciativa de Bill Clinton y con la colaboración sabia y honorable de Felipe González, decide intervenir en Bosnia contra Milosevic y cree poder ignorar la suerte de otras víctimas del sátrapa serbio, se genera la movilización del UCK. En aquella nueva guerra, tras su derrota en Bosnia, Milosevic intenta asentarse con la masiva limpieza étnica en Kosovo para hacer desaparecer al pueblo kosovar tras las fronteras de Albania o en fosas comunes. La OTAN vuelve a intervenir después de la cumbre de Rambouillet en 1999 -fui testigo, como lo había sido de la ominosa conmemoración diez años antes del 600 aniversario de la batalla de Kosovo Polje, cuando Milosevic lanzó su órdago supremacista-. Llegó la guerra, y la sociedad serbia, por desgracia, la aplaudió con el entusiasmo de los alemanes en 1939. Murieron decenas de miles de albaneses. Pero la guerra la perdió Serbia y con ella el territorio. Irremisiblemente.

Con esta historia, las majaderías sobre paralelismos entre Kosovo, Cataluña o el País Vasco dejan en ridículo a quienes las hacen. Lo grave es la constatación de que pese a las dosis de anestesia que el buen Javier Solana quiera darnos, la UE tiene miembros, como España, gobernados por quien no se entera. Y que Rusia cree ya tener un veto sobre la política europea y sabe de su capacidad para dividir no ya a la Alianza Atlántica sino a la UE. Dato positivo es que Kosovo puede pasar página, y a Serbia se le da ocasión de hacerlo. Y que los líderes en Berlín, París, Londres y Washington han optado por hacer lo ya imprescindible. Y dejar el papel de mirlos negros para quienes carecen de relevancia.

EL MUGABE DE LEÓN

Por HERMANN TERTSCH
ABC  18.02.08


No hace falta ser muy amigo del presidente del Gobierno para reconocer que gran parte de los daños que ha causado a las instituciones, a la convivencia y al tejido social, aunque demoledores, no han sido intencionados. A nadie le cabe duda de que Zapatero ha creído sinceramente en que podía llegar a un buen acuerdo con ETA que llevara a la banda a dejar las armas por concluir ésta que, coordinando con éxito su política con el actual Gobierno, dejarían de hacerle falta armas para lograr sus fines. No ha funcionado porque los etarras querían más de lo que Zapatero podía dar. Él no podía dar más porque media España ha desbaratado esos planes.

Tiene mucha razón la secta Z en acusar a la oposición del PP y a los movimientos cívicos de ser responsables del fracaso de sus planes. A mucha honra y en beneficio de la sociedad, incluida la parte dispuesta a tragar carros y carretas y a dejarse llevar por una senda de la indignidad. Está claro ya que se equivocaban él y otros cuando creían que su falta de escrúpulos es ya denominador común en esta sociedad que intentan adocenar con su supremacía mediática, su ejército de guionistas en las series televisivas y la omnipresencia de sus mensajes ideológicos del encanallamiento buenrrollista. No les ha salido la operación y ahora recurren a palabras que les eran ignotas como «España» y «patriotismo» porque su única fuente de sabiduría -los sondeos- les han advertido que los españoles están lejos de haber descendido a su catadura.

Pero tampoco hay que ser muy enemigo de Zapatero para saber que muchos de los daños referidos sí son resultado de una clara intención dolosa. Para ello no es necesario conocer el intercambio cómplice de informaciones e intenciones entre el jefe del Gobierno y los muchos sicarios mediáticos con que cuenta. Entre estos daños que han llevado a un deterioro vertiginoso de la calidad democrática en España bajo Zapatero está la interiorización del miedo a discrepar con la política del matonismo que ha adoptado. Y éste es resultado de una estrategia que se ha aplicado con presión. La mentira masiva, la manipulación estadística y el vaciamiento semántico de la palabra no son suficientes por sí solos para evitar el desmoronamiento del crédito de una gestión de incompetencia. La toxicidad del presidente no ha surtido los efectos deseados sobre la población.

El acoso físico a la oposición

No es nuevo que un Gobierno débil busque el voto del miedo. Pero sí es insólito en la Europa democrática después de 1945 que un Gobierno recurra al acoso físico de la oposición. Cierto es que Zapatero ya lo hizo hace cuatro años al violar la jornada de reflexión. Pero, con magnanimidad, se podía interpretar aun como resultado del nerviosismo general tras las jornadas luctuosas habidas y no a la voluntad de amenaza propia de Mugabe en Zimbabwe. Pero el león Mugabe aquí es el Mugabe de León. Tras la negativa de socialistas y nacionalistas gallegos a condenar la agresión de sus «camisas pardas» a María San Gil en Santiago, es evidente que existe una voluntad desde el poder de impedir (como en el País Vasco, Cataluña y Galicia) que la oposición pueda expresarse en igualdad de condiciones con los partidos de ese frente popular de la ensoñación zapaterista que nada tiene que ver con la socialdemocracia. San Gil lo dice con claridad: «La actitud del Gobierno ha dado barra libre para atacarnos».

El Mugabe de León quiere que la oposición democrática en este país tenga miedo. La descalificación y la difamación, la muerte civil con que amenazan, va ya acompañada de la violencia física. La política de acoso de esa alianza de independentistas, fuerzas antisistema y socialistas contra el único partido de la oposición, no ya tolerados sino incentivados por el discurso de Zapatero y su Gobierno, supone un escándalo mayúsculo que merece ser denunciado ante la OSCE y el Consejo de Europa.

KOSOVO Y LA CORDURA

Por HERMANN TERTSCH
ABC  14.02.08


Hay ocasiones en las que los mayores adversarios políticos se equivocan juntos. Resulta exótico que gran parte del Partido Popular de España esté de acuerdo con el presidente de la nueva Rusia imperial, Vladimir Putin, que el ministro español Miguel Angel Moratinos aplauda a los diplomáticos por él represaliados -como Javier Rupérez-, y nuestro Gran Timonel Mister Z y todo su coro mediático casi aplaudan indirectamente a José María Aznar en la defensa de una opción política que ha dejado de existir. Hablamos de Kosovo.

Dentro de unos días, la antigua provincia de Serbia declarará su independencia y la inmensa mayoría de los países de la Unión Europea, quizás 24 de 27, reconocerán con Estados Unidos y otros miembros de la ONU a este nuevo Estado. España, parece claro, se va a quedar con Chipre y algún que otro excéntrico, en la defensa de lo imposible y lo pasado. Obcecados en no entender que la independencia de Kosovo se dirimió y decidió en la guerra. Solo cabe decir que es otro error de España y por mucho consenso que encuentren sus defensores será tan relevante como si fueran chipriotas. No importa nada lo que digan y piensen. No suele importar ya casi nunca lo que la España de Zapatero quiera balbucear. En este caso mucho menos, incluso disponiendo de la inusual ayuda de FAES. Se enfrentan a hechos tan poderosos como es el proceso irreversible y necesario de que Serbia y Kosovo rompan con el inmediato pasado tenebroso y quiebren así la dinámica política aun existente.

La guerra de Milosevic

Parece necesario recurrir a Sigmund Freud para convencer a todos los adversarios enconados de la realidad impuesta por una larga guerra -activa o larvada- que fue declarada el 28 de junio de 1989 por Slobodan Milosevic en Kosovo Polje, estalló con la declaración de independencia de Eslovenia y Croacia el 25 de junio de 1991 y tendrá su conclusión cuando Kosovo sea independiente y Serbia se libere del terrible lastre que la tiene secuestrada con la añoranza de un pasado tan terrible como mentiroso. Serbia y Kosovo tienen que cerrar página para ser democracias y sociedades abiertas. El Campo de los Mirlos nunca volverá a ser Serbia por la misma razón que hacía absurda toda reivindicación alemana sobre Königsberg, Breslau o Danzig después de 1945. Cinco lustros antes nadie encontró mejor solución a la situación creada por el hundimiento total del orden previo a la Gran Guerra y al desmoronamiento del Imperio austro-húngaro -y previamente del otomano- que los acuerdos de Versalles y Trianon y la creación de ese Estado absurdo de Yugoslavia a grupas sobre la falla cultural europea entre católicos y ortodoxos con su cuña musulmana reptante por Albania y Bosnia. Solo bajo implacables dictaduras, monárquica primero, comunista después logró ese Estado mantenerse. Sus fronteras eran tan aleatorias como ficticias. Donde había existido una multiculturalidad auténtica durante siglos se impuso la idea decimonónica del terrarium de las razas y etnias, el sentimentalismo político, el romanticismo cultural a la postre sanguinario. Y se rizó el rizo con el invento de un Estado multinacional en una franja del imperio disuelto que sí había hecho posible -al menos hasta 1867, fecha del trágico «Ausgleich» de la bicefalia- la vida libre para el individuo despojado de reparos identitarios, émulo del ciudadano libre francés posrevolucionario sin saberlo. Desde el Congreso de Berlín en 1878 ha habido millones de muertos en guerras balcánicas, europeas y mundiales. Es hora de poner fin a esto sin buscar fantasmas que lo impidan.

Son diversos los motivos del empecinamiento para no aceptar que Yugoslavia, incluso la Serbia diseñada en 1918 y posteriormente por las fronteras dibujadas tras 1945 por Milovan Djilas como primer encargo de Tito tras la guerra, se conviertan, post mortem, en obstáculos al desarrollo para la paz, la convivencia y la prosperidad en Europa Oriental. Los paralelismos, que se han buscado por parte de Serbia, Rusia y los nacionalismos en Europa occidental no existen a no ser que los empecinados, incluso los más responsables, se dediquen a crearlos.

Kosovo no es el precedente amenazador que dibujan tantos. Es el capítulo final de una historia trágica que nos ofrece ese abrir página hacia la esperanza en la región. Para que así sea, así tienen que verlo quienes tienen poder para sacar a Serbia y a Kosovo del pozo negro de la historia europea. La mayoría de las democracias lo han entendido. Rusia también lo entenderá pronto. Chipre y la España de Zapatero necesitarán más tiempo.

UN CAUDILLO ANTISISTEMA

Por HERMANN TERTSCH
ABC  11.02.08


Peca de iluso mi muy caro amigo Jon Juaristi cuando se pregunta -ayer aquí en ABC- por qué los «regeneradores de la democracia» no han alzado la voz ante la vomitiva añagaza urdida por Iñaki Gabilondo al final de su entrevista a Mariano Rajoy, cuando le pidió referencias al candidato popular sobre el lugar donde podría estar enterrado el supuesto tío -asesinado en la Guerra Civil- de un supuesto espectador. La infamia la describe bien Juaristi. Pero peca de ingenuo, como el propio Rajoy, al extrañarse ante semejante vileza. Y peca de pacato -inhabitual en Juaristi- cuando dice que «uno empieza a sospechar que piensan que contra la derecha vale todo». ¡Hombre de Dios! ¿Cómo que «empiezas a sospechar»? Si cuando la secta creía haber vencido definitivamente a una oposición rota por el 11/14-M ha seguido dispuesta a utilizar la coacción, administrada por ellos o sus socios antisistema, ahora que ven en peligro sus existencias políticas, en las primeras elecciones previsiblemente normales en las que se mide a una oposición entera y resurgida ¿qué no serían capaces de hacer?

El nuevo amanecer republicano que haría ciertos en un futuro cercano los anhelos del muy mítico abuelo bueno -el capitán Lozano-, que son ni más ni menos que «el amor por el bien, un ansia infinita de paz, la mejora de los humildes», comienza a ser incierto ante la reacción de los españoles. Por eso ya no les basta el talante y la complicidad -unas buscadas y otras siempre disponibles- de las fuerzas enemigas del Estado, legales o ilegales. Ahora se trata ya de arremeter con todos los medios contra lo que la secta Z ha impuesto en su afán redentorista como el bando del abuelo malo -el próspero Faustino Zapatero-, aquel pediatra muy franquista que le vio nacer y el único abuelo que el niño que sería líder conoció. Como dice el filósofo Gabriel Albiac en su muy recomendado libro «Contra los políticos» esta identificación con el «tótem familiar canonizado» tiene todos los visos de ser «el síntoma brutal de una enfermedad anímica». Ahora, ante la posibilidad cierta de una derrota, no quepa la menor duda a nadie de que del chapucero «como sea» se ha pasado a la fase del implacable «a cualquier precio»

Desde el Pacto del Tinell, experimento inicial del zapaterismo para diseñar un régimen sin alternancia posible hasta la aparición del Gran Timonel ayer en la Plaza de Vista Alegre donde ya dejó claro que está «harto de la derecha», es perfectamente evidente que el objetivo estratégico de la secta -dictado por el personal y vocacional del personaje- es intimidar tanto a los votantes como a los representantes de la única oposición existente. Ahora quieren condenar el debate público sobre la inmigración, como antes sobre terrorismo o economía. Cuando Zapatero dice que «está harto de la derecha» -le sobra media España al presidente del Gobierno- como cuando la vicepresidenta y cada vez más ministros dicen que «no tolerarán» posiciones políticas u opiniones críticas, no explican cómo van a «no tolerar». Sabemos que en el País Vasco acallar voces es fácil, también que en Cataluña aun se sobran y bastan para acallar disensos sus socios de Gobierno, como ya sucede también en Galicia.


Cuando se parte del ansia de bondad y paz infinita y cuando -como dijo Z- se ha puesto «mucho afán», no cabe exigir responsabilidades por los resultados. Ayer en Vista Alegre, Z volvió a superarse. En frase heroica y rebelde aseguró a gritos a sus correligionarios: «Yo no me callo». Como si de un resistente amordazado se tratara, el presidente del Gobierno que no escatima las amenazas a todo el que discrepe, que ha tomado decisiones gravísimas que comprometen el futuro de nuestra cohesión y seguridad, adopta el papel del rebelde antisistema. Nadie se pregunta a qué viene tan ridícula frase. Tiene un sentido y es grave: Quien ostenta el Gobierno tiene aun pendiente el asalto al poder que cree merecer. Han de liquidarse las resistencias. Está «harto» de ellas. Sus «ansias infinitas» merecen cualquier sacrificio. Y no precisamente propio.

VIVA LA DIFERENCIA

Por HERMANN TERTSCH
ABC  07.02.08


Estados Unidos es una gran nación. Sus ciudadanos han crecidos todos conscientes de ello. Pobres y tristes, ricos y felices. Y en sus primarias ante las elecciones presidenciales, ese gran invento de igualdad en derechos y solidaridad nacional en la gloria y la zozobra, despliega la grandeza de la sociedad libre que todos los miserables ignoran, todos los necios ridiculizan, los totalitarios odian y los amantes de la libertad, el debate y la palabra, celebran como ninguna. Muchos en España intentan imitar a EE.UU. en lo peor sin nunca tener en cuenta la calidad que la libertad otorga. Pasa con el cine. Para quienes hayan sufrido como ciudadanos españoles la humillación y afrenta a sus sentimientos, lo que supone ya siempre la anual agresión estética de los supuestos grandes premios del cine español que arrastran por el fango el nombre de nuestro ilustre compatriota y pintor Francisco de Goya.

Jamás aprenderán sus asistentes a entender nada de la gran América que vaya más allá de los dictados de sus prejuicios, su triste ideología tóxica y enfermiza y su aquelarre del odio. Por premios que reciban, aquí, allá y acullá. El lastre del rencor de quienes solo reconocen solemnidad cuando les premia es paralizante y define a las torpes figuras que protagonizan nuestra vida mediática. Triste es saberse parte de una pequeña nación que sus propios gobernantes ponen en duda, y que alimenta y financia unas castas llamadas intelectuales que no saben sino medrar de la envidia y el agravio y el odio decretado por los poderosos que los financian y abrevan.

Sin miedo a discrepar

Para todos los que jamás iremos a los premios de los corruptores más corruptos, de los mediocres más arrogantes, de los horteras más grasientos, nos resulta inmensamente gratificante ver a los ciudadanos de la nación vilipendiada, los norteamericanos, con orgullo como individuos, decantarse con valentía y sin complejos en su elección libre y debatida de su candidato favorito. En unas primarias ante las elecciones presidenciales en las que se debate sobre las guerras sin mentiras zafias, sobre la economía sin falacias, sobre las personas sin cainismo, sobre las amenazas sin hipocresía ni correcciones cretinas, con toda la virulencia de las pasiones y ambiciones humanas pero sin ánimo de destrucción del adversario, el candidato real de los republicanos que ya parece ser McCain y los dos rivales demócratas, Obama y Clinton, dan un ejemplo de probidad en la sociedad abierta que odian las mentes sovietizadas.

Cualquiera de los tres puede ser Presidente de los Estados Unidos de América. Que todos puedan serlo demuestra dicha grandeza de la sociedad libre que ama el debate, la competencia y la contradicción y deja en patético ridículo a quienes en Europa y especialmente en España, son esclavos del miedo a la discrepancia y hostigadores de la oposición.

Ese ridículo reduccionismo europeo que lleva a tantos a creer que gentes educadas como Obama o Clinton tienen algo que ver con la secta iletrada de Zapatero no hace sino ampliar los malentendidos que crean abismos a la hora de afrontar los riesgos comunes. En Estados Unidos, en el país de la libertad individual y la pluralidad colectiva, hay menos sectas y menos odios hacia los compatriotas que los forjados por los frentes del izquierdismo mesiánico de todos los ejércitos de ingenieros sociales y de almas que forman las tropas de mediocres que nos quieren imponer su futuro. América, en su nombre sagrado, tiene voluntad de elegir lo mejor posible para todos, mujer, hombre, blanco o negro. ¡Viva la diferencia!

«KULTURKAMPF»

Por HERMANN TERTSCH
ABC  04.02.08


Hay algo que difícilmente va a cambiar ya en el estado anímico de los españoles y en el escenario político, social y cultural de España en años, sea cual sea el resultado de las elecciones del 9 de marzo. Se equivocan quienes creen que la polarización política, la destrucción del tejido social y de la voluntad de convivencia impuesta a la legislatura se revelará como fenómeno pasajero. El radicalismo sectario y la voluntad excluyente no son la «enfermedad infantil del zapaterismo» (Lenin pixit-dixit) sino la esencia de un proyecto político aglutinado en torno a una persona, rodeado por una guardia pretoriana intelectual encanallada, una sofisticada y abrumadora maquinaria de intoxicación y una soldadesca política que busca la eliminación de todo disenso, crítica y oposición. Aunque Zapatero tuviera un arrebato de decencia para dimitir o su partido para inhabilitarlo, mucho tardará en recomponer el (aún) ciudadano español, la voluntad de convivencia y respeto que existía antes de que Z nos lanzara hacia «las ansias infinitas de paz».

Esta última semana demuestra que la deriva en la que nos embarcó un presidente del Gobierno llegado de la nada con el único bagaje del odio a su antecesor y su mensaje redentorista, nos ha llevado a una situación de difícil retorno. La proclamación oficial de la existencia de un enemigo interno en el sistema democrático se produjo muy pronto en la legislatura cuando Zapatero se identificó plenamente con un bando de la guerra civil y proclamó su voluntad de llevarlo, 70 años después, a la victoria. Para imponer así su intrínseca bondad. Quienes se opusieran se situaban con el mal y eran enemigos a batir y humillar.

Pronto es para hacer balance de tanta desgracia. La catarata de insultos, descalificaciones e insidias, las manipulaciones y tergiversaciones de las palabras críticas hacia el poder la única oposición parlamentaria del PP, la Asociación de Víctimas del Terrorismo, movimientos cívicos y ahora la Iglesia Católica y la infinita sumisión de la inmensa mayoría de los medios de comunicación al dictado de un líder tan despreciado como temido que muchos se resignan o desean ver ya como fundador de un nuevo régimen, han creado ya en España una situación de democracia anómala. Nada tiene que ver con la legítima y leal competencia entre opciones políticas, diversas y adversarias, pero con vocación de buscar el bien común de toda la sociedad.La voluntad de Zapatero de consolidar un nuevo régimen que nada tiene que ver con letra y espíritu de nuestra constitución, -con una victoria en las urnas que considerarán un plebiscito a favor de toda su política-, se traduce en su política sistemática de quebrar la voluntad de los discrepantes, acallar toda voz crítica y amenazar a disidentes potenciales.

A pocos parece importar que voceros del régimen, desde ministras a columnistas llamen al frentepopulismo con independentistas y socios de ETA a la ofensiva común para la liquidación de la oposición en Cataluña o a la sedación de opositores (curioso resulta que un periódico publique el deseo de una escribidora de ver muerta a una líder de la oposición y la envíe a la sala de urgencias con el doctor Montes. Grave lapsus freudiano de la indigente intelectual. Su periódico no lo percibió, habituado como está al olor de su sentina. Montes debería querellarse contra Torres por sugerir que es Mengele).

Miedo

Este nuevo «Kulturkampf» desatado por Zapatero, ante la temida posibilidad de que toda su tropa reclutada en la selección de los peores del PSOE se quede sin sueldo el 10 de marzo, nos lleva al enfrentamiento social. Aquí no hablamos del Estado laico que Bismarck defendió en su día. Se trata de la persecución de la oposición y por tanto de una voluntad totalitaria cada vez más agresiva. La Iglesia debe callar ante la amenaza de linchamiento. Eso sí, la SGAE tiene franquicia fanariota con el canon. La oposición no debe oponerse ni a la mentira del presidente respecto a las negociaciones con ETA -que ningún jefe de Gobierno europeo habría sobrevivido políticamente-, ni a la coordinación de políticas con la banda terrorista, ni a la ocultación de datos sobre economía. «Nadie se oponga porque no lo vamos a tolerar». Sería recomendable que todos los españoles empezaran a tener miedo.

ISRAEL Y NOSOTROS

Por HERMANN TERTSCH
ABC  31.01.08


El Bloque Nacionalista Galego (BNG), en el poder en Galicia gracias a su alianza con el PSOE que gobierna en España se ha convertido en el primer partido con responsabilidades institucionales en Europa en negarse a condenar el Holocausto, el exterminio de seis millones de judíos.

Lo ha hecho en la Comisión Permanente del Parlamento de Galicia al oponerse a una condena del nazismo con motivo del Día de Recuerdo a las Víctimas del Holocausto que se celebra el 27 de enero.

El socio de gobierno de Z ha dicho que solo condenará la muerte de los judíos si se condena también a Israel, la patria de los supervivientes y descendientes de las víctimas. Ni socialistas gallegos ni La Moncloa se han distanciado de esta abominable actitud.

Ni han sugerido la ruptura de la alianza y los contactos con un partido que manejan así historia y principios. En cualquier democracia europea que se respete a sí misma habría sucedido ya.

Por desgracia es lógico que los socialistas y la izquierda española en general callen al respecto. Esos que se irritaban por el populismo del austriaco Jörg Haider u otros líderes derechistas europeos, miran hacia otro lado ante actitudes propias del negacionismo más repugnante del nazismo que en tantos países europeos es perseguido penalmente y en todos política y socialmente inadmisible. Se lamenta Z de que no le inviten a las reuniones europeas de cierto relieve. Si sigue una legislatura más con los aliados que tiene es posible que haya países que pidan sanciones contra su Gobierno por colaboracionismo con formaciones que la cultura antinazi no está dispuesta a tolerar. Aquí sí que cuadra ese «nunca mais» -¡Nie wieder!- que es la base ética de toda la ética democrática europea desde 1945, desde que el 27 de enero fue liberado Auschwitz. Ni la Europa libre ni Israel olvidan a sus víctimas. Es un imperativo moral que a Z y sus socios les resulta inconveniente como demuestran aquí con las víctimas del terrorismo.

Cabe esperar que el escándalo del BNG llegue a las máximas instancias europeas. No es siquiera paradójico. El socialismo nacionalista en ciertos territorios de España ha cruzado el rubicón hacia el nacionalsocialismo con su carga de falsificación histórica, voluntad totalitaria y disposición coactiva. La confusión moral de los socialistas españoles y su política de alianzas en permanente angustia por un poder con el que darse de comer a sí mismos han dejado ya de evocar a Franz von Papen -con su relativismo tan necio como letal- para entrar en paralelismo con las actitudes de Pierre Laval o Vidkun Quisling. A los 75 años de la toma de poder de Hitler -catastrofistas llamaban a quienes auguraban males-, Gobierno y socios nacionalistas adoptan actitudes que explican nuestro paulatino pero amenazador alejamiento de los vértices éticos y políticos de las democracias occidentales.

La obsesión de Zapatero de lograr sus objetivos ideales -la altura de miras y la bondad intrínseca de sus proyectos justifican precios y esfuerzos-, son una amenaza que demasiados siguen ignorando.

No hay baremo más fidedigno de la calidad moral de las democracias y la sociedad abierta occidental que la actitud hacia Israel. Todas las críticas a su política son necesarias.

Por injustas que sean. Israel mismo se critica como sociedad abierta y ayer lo volvió a demostrar con su balance sobre la guerra del Líbano. El drama actual de Gaza se debe exclusivamente al diario bombardeo de territorio israelí. Hamás puede ponerle fin cuando quiera.

En España, sin embargo, persiste una anomalía que se revela cuando partidos gobernantes y periódicos que se consideran referentes vomitan su odio a Israel con la misma virulencia con que lo hace -ayer mismo también y no por casualidad en el aniversario de la llegada al poder de Hitler-,el presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, ese otro socio de Zapatero.

La esencia de Israel es la superación de la amenaza al exterminio, la defensa a ultranza de la libertad, la dignidad y la conciencia. Es un rotundo y sencillo concepto de vida. Por eso tiene tantos enemigos en todas partes. Pena y pavor da el hecho de que aquí estén en el Gobierno.

GESTOS Y OBRAS EN EL CORAZÓN DE EUROPA

Por HERMANN TERTSCH
ABC  15.11.07


En el corazón de Europa al que nuestro caudillo socialista español prometió devolver a España y en el que ni se le llama ni se le espera -ni al caudillo ni por desgracia al país-, se suceden grandes acontecimientos con inmenso calado sin que los españoles, tan pendientes de caudillos caribeños irritados, los perciban en toda su magnitud y asuman las consecuencias para el futuro común. En Francia y Alemania está en marcha el gran esfuerzo modernizador para forjar el estado que, siempre con vocación social, sea capaz de liberar e incentivar la creatividad, la competencia y la iniciativa y combatir el igualitarismo coactivo. Una noticia de ámbito casi íntimo ha enconado el debate. El martes, el peso pesado de la autoridad moderada del Partido Socialdemócrata Alemán (SPD), Franz Müntefering, el vicecanciller y ministro de Trabajo, dimitió por razones que conmueven y le honran y que nadie decente debe poner en duda -la enfermedad terminal de su mujer. Este hecho supone, en las actuales circunstancias, una carga de profundidad, lanzada por la fatalidad, contra un proceso paralelo en Alemania y Francia que es tan necesario para el futuro de Europa como combatido por las fuerzas de la reacción desde el sindicalismo, el clientelismo gremial y el izquierdismo ideológico.

Müntefering hacía un mutis dramático que su jefa de Gobierno y compañera de coalición, la cancillera Angela Merkel, lamentaba y honraba en los mejores términos de la complicidad patriótica y empatía humana en la rivalidad política. Merkel y Müntefering han logrado poner en marcha un clima de optimismo empresarial, laboral y ciudadano inexistente en Alemania desde la unificación. Pero las constelaciones propicias para las reformas de gran alcance son a veces víctimas de avatares personales o caprichos de ocasión. Mientras el vicecanciller anunciaba su supremo sacrificio personal de abandonar cargo, vocación y ambiciones, los líderes sindicales en Francia y Alemania, intentan sabotear las reformas que suponen un sacrificio bien moderado y que han demostrado ser un inmenso beneficio para la sociedad y la prosperidad común. El despegue del decrépito Reino Unido que heredó Margaret Thatcher se inició con la derrota de los anacrónicos sistemas de chantaje que tenían secuestradas economía, libertad y nación. Fue aquella batalla contra el sindicalismo premoderno como la batalla contra la resignación en el Este de Europa iniciada una década después, el principio del fin del «Viva las cadenas» de gran parte de Europa oriental y occidental y el comienzo del proceso de unificación en libertad en el continente. La recuperación de la libertad y la iniciativa frente a la imposición de las leyes de dependencia y obediencia dieron frutos entonces y han de volver a hacerlo. Merkel y Sarkozy están decididos a culminar un proceso imprescindible para que Europa coja el ritmo de desarrollo en la economía globalizada.

El nuevo vicecanciller es el ministro de Asuntos Exteriores, Frank Walter Steinmeier, sin poder en el SPD para frenar al izquierdismo que ha crecido con las frustraciones de un partido que se siente perdedor en la coalición. Es evidente que con la retirada de Müntefering se acaba la labor creadora de una coalición de éxito que ha sacado de su estancamiento a Alemania. Comienza la carrera electoral en el gabinete, lo que puede suponer su ruptura a medio plazo. Pero aunque se llegue pronto a nuevas elecciones, el legado de esta coalición es bueno y claro. Como lo es el hecho que los intentos de sabotear las reformas en la Francia de Sarkozy las protagonizan sectores organizados pero nunca mayoritarios. Si el SPD recae en el izquierdismo al que le quiere forzar su izquierda y la secta paleosocialista de Oskar Lafontaine puede cavarse una trinchera de reacción, populismo y demagogia como los izquierdismos meridionales y especialmente el carpetovetónico. Pero todo indica que en el corazón de Europa, Merkel y Sarkozy, dos líderes antitéticos de nuestro caudillo «progresista», muy lejos de prometer y regalar adelantos para comprar votos o lealtades, tienen los argumentos necesarios para demandar sacrificios, esfuerzo y rigor por el bien de un futuro razonable y razonado. Tienen muchas expectativas de ganar el pulso. Por el bien de toda Europa.

DE LA DESMESURA AL MIEDO

Por HERMANN TERTSCH
ABC  06.08.07


Es una pena que Felipe González no se entusiasme con la oposición porque si fuera «sensata», él hablaría de las cosas que no le gustan de la gestión de Zapatero. Como considera que es irresponsable y desmesurada la conducta de «la derecha», no va a dar pistas sobre conductas del presidente del Gobierno que considera erróneas y perjudiciales para el Estado. No parece muy leal la actitud. Pero nadie cometa la desmesura de calificar de cínico a González, ese observador privilegiado, multiplicador de riquezas y milagrero conseguidor. Ni al periodista que, en la obligación de presentar esta glosa trovadora de entrevista, pierde los sentidos y dice textualmente que «Felipe González, de 65 años, fulmina a los nuevos líderes del PP y a la jerarquía eclesiástica por la "regresión increíble" que han emprendido». Quizás las comillas se deban al criterio de la entrevistadora, María Antonia Iglesias, toda mesura ella. Pregunta como ejemplo, muy fina: «Esa estrategia que ha utilizado el PP de crear el problema, de incendiar el país para luego ofrecerse de bombero parecía producirles resultados».

Periodismo puro el de la chica más morigerada de la secta. Y respuestas clásicas de un González al que le da abismal vergüenza intelectual que le busquen y encuentren relaciones entrañables o incluso afectos con un personaje como Zapatero al que desprecia tanto como necesita para el bien de su impresionante y muy efectiva presencia en el mundo de los negocios internacionales. Las puyas a Zapatero son humillantes pero siempre las justas, esa puntita, suficiente para aclarar que él no forma parte de la tropa de trepas. Pero peores son los fachas. El viejo de 65 años, de vuelta de todo, tiene algo más que miedo a la probada disposición a la represalia del presidente. Esto le hace decir que el revisionismo es culpa «de la regresión radical» del único partido que no ha cambiado sus posiciones respecto a la constitución, al orden territorial, al terrorismo o a la monarquía. González prefiere, al contrario que Zapatero, la perífrasis o la sugerencia a la mentira seca. Alguna verdad se adivina y está en esa suculenta respuesta de que «no soy capaz de juzgar cual es la motivación personal de Zapatero para actuar de una u otra forma. (...) Que haya afirmado su liderazgo sin mi sombra no sólo lo acepto sino lo aplaudo».

Cierto que a Aznar se le fue la cabeza con la boda de su hija, síntoma del desenfoque final de una presidencia infamemente demonizada después en una orgía de deshonestidad intelectual sin parangón reciente. Pero resulta una pena que los mortales no veamos cuando esto se dice la retina henchida de Luis XIV en el ojo del gran conseguidor de poderosos como Carlos Slim o el Rey de Marruecos que aplaude al chico de León obrar fuera de su sombra. Pero el nieto ha llegado más lejos en casi todo. Cuando hace hablar a sus medios y periodistas de que «Zapatero dará ayudas a Canarias» o «anuncia ayudas sin límite para los afectados» -bolsillo dispuesto del generoso gobernante por la Gracia del Abuelo- o «Zapatero anuncia el Ave entre Madrid y Barcelona para Navidades», pensamos que si un jubilado tan próspero como González no se atreve a advertir sobre lo que hace mal el presidente es porque hay miedo. Habrá mucho más cuando todos hayan aprendido la lección. Mayores y pequeños. Para los pequeños ya ha salido de imprenta para su educación para la ciudadanía, asignatura que, aunque Fernando Savater se obstine en lo contrario, nos promete generaciones de niños camisas pardas como los descritos por Ödon von Horvath en su novela «Hijos sin dios». No se trata de creer en Dios ni Santo Tomás sino de no tener que creer en el comisario del pueblo para llegar a la universidad y a ser posible sin denunciar a los padres. Una desmesura, diría González. Que lea las citas presentadas por Alvaro Delgado-Gal ayer en estas páginas. Muchos serán dóciles. Como González y sus representados. Tienen mucho que perder. O los socialistas navarros a quienes Pepiño Blanco ha advertido, sin más, que obedezcan porque «no toleraremos críticas». ¡Hala! La advertencia es amenaza y es para todos.

miércoles, 28 de mayo de 2014

CORSARIOS DE LA MENTIRA

Por HERMANN TERTSCH
ABC 28.01.08


El presidente del Gobierno de la España discutida y discutible lleva meses anunciando regalos con dinero ajeno a cambio de votos. Pero ayer se nos puso muy concreto y nos dio el precio que Moncloa pone a la papeleta en las urnas: 400 euros. Esta cabal tasación del precio del voto nos puede infundir cierto orgullo incluso a los antipatriotas que se atreven a sugerir al Gobierno que podría haber algún problema en la economía española si, como revela la EPA en el último trimestre se ha destruido empleo como nunca desde 1994. Era entonces como ahora responsable de la economía española Pedro Solbes. Por ser casi el único miembro del Gobierno sin vocación para el insulto y con respeto a mínimas reglas de urbanidad, tiene Solbes cierta fama de serio y competente que los datos al final de la legislatura para nada confirman. Si la valoración piadosa pide comprensión para el tecnócrata acosado o ignorado por un gabinete lleno de aventureros sectarios e irresponsables, la crítica considera que Solbes ha sido el indolente mascarón de proa de un equipo cuya insolvencia y pasividad queda ahora de manifiesto. Ninguna humillación o desautorización le ha llevado, pese a tanto amago, a una dimisión que le habría dejado en mejor recuerdo.

Pero el mascarón de proa referido es sin duda de las piezas más nobles -también ineficaces- del buque corsario que asaltó, hace ahora siete años, a la maltrecha flota de la socialdemocracia española y la reconvirtió para sus planes más audaces. Este fin de semana, los corsarios del socialismo «New Age» del Siglo XXI han celebrado una especie de ceremonia de comunión con el caudillo para coordinar las baterías de las mentiras que durante la ya agonizante pero siempre agónica legislatura han perdido potencia de fuego. No es que les haya ido mal desde aquel congreso y después de cuatro años en Madrid. Su progreso es manifiesto. Los trajes de Pepiño Blanco son ya de mucho mejor paño. El presidente del Senado, Javier Rojo cocina con coñac francés, según cuenta él mismo. Los hijos de Pepe Montilla, el enemigo del derecho de los catalanes a elegir la educación de sus hijos, mandan a los propios al Colegio Alemán. El presidente del Parlamento Catalán es su antiguo jardinero. Son cuatro ejemplos entre miles. A la tropa le cunde que es una barbaridad.

Pero si a algún envidioso le puede molestar esta prosperidad, es mera anécdota, sí que algo obscena, comparada con el gran triunfo de la secta que es la equiparación plena, de derecho cabe decir, de la verdad con la mentira. La ocultación y la falsedad han sido erigidas en recurso político legítimo y en absoluto condenable. Perseguible es quien reclama para las palabras su significado. De momento se hace por medio de la difamación, el insulto o la represalia administrativa. Más adelante se verá si tienen opción para una escalada en los medios. Porque el fin ideal del idealista de La Moncloa justifica -lo ha dejado claro él- la treta y el engaño al enemigo. Éste se identifica y expone por su obstinación en reclamar probidad semántica, el contenido y significado auténtico de las palabras -como pidió el intelectual disidente checo Ferdinand Peroutka en su célebre alocución contra la mentira comunista-. Z por el contrario quiere que para todos los españoles la palabra signifique lo que él quiera o entienda en cada momento. O nada. Como en las decenas de congresos de partidos comunistas del este de Europa a los que asistí en la década de los ochenta, el discurso político de ayer de la conferencia del Partido Z es perfectamente impermeable a la realidad. Ni la crisis económica, ni el inmenso daño inferido al Estado de Derecho por la búsqueda de un acuerdo frentepopulista con los nacionalismos, incluido el terrorista, contra la oposición, ni el desprecio a las inquietudes, creencias y tradiciones de media España, nada les preocupa salvo la liquidación y condena del disenso. La esencia de la democracia son ellos. La realidad la dictan ellos. La patria es Él, Z. La palabra no es nada.