lunes, 16 de febrero de 2015

RAJOY TIENE RAZÓN

Por HERMANN TERTSCH
  ABC  17.05.11


Ahora se trata de acabar con una pesadilla, que es esta agonía bajo esos zombies de Moncloa y Ferraz. Y Rajoy puede hacerlo

TIENE muy enfadados don Mariano Rajoy a muchos de sus votantes. Y no me refiero sólo a mi querido y admirado Federico Jiménez Losantos y a sus muchísimos seguidores, a los que hierve la sangre con esa especie de indolencia despistada que cultiva el líder de los «populares». Son muchos los españoles, profundamente dolidos e indignados por las tropelías que comete el Gobierno del Atila de León, que reprochan a Rajoy lo que consideran falta de músculo político y coraje para dar la batalla de las ideas ante una intensificación de las agresiones de los socialistas al Estado de Derecho, a la propia idea de España, a las libertades y al sentido común. Y el líder de la oposición sigue de mitin en mitin, hablando de los desastres causados por la gestión del Gobierno Zapatero, y disculpándose después por si hubiera estado tedioso. Que, estamos todos convencidos, lo está en la mayoría de las ocasiones. No le cuesta ser aburrido. Y no hace nada por evitarlo. El mensaje de Rajoy, en clave de boticario, insiste en que se pueden hacer las cosas bien, de forma ordenada y tranquila, para que salgan bien. Esta desnudez ideológica total resulta exasperante. No ya sólo por las provocaciones de los socialistas en la precampaña y campaña que se han intensificado según pasaban días y semanas. También por los gravísimos hechos orquestados por Zapatero y su Fouché que conmocionan a tantos españoles, como son la obscena operación de liquidación del Tribunal Supremo como tal, con el comando socialista del Tribunal Constitucional. En el escandaloso caso de las candidaturas de Bildu. Con la liquidación de la «acción popular» para dejar manos libres a su tropa de la fiscalía. O con la anunciada liquidación de la «doctrina Parot», otra importante arma de la lucha antiterrorista que ahora desmantelará el susodicho comando togado para cumplir uno de los acuerdos entre el Gobierno y ETA. En el marco de esa hoja de ruta por la que transitamos hacia el añorado abrazo de Vergara entre la izquierda abertzale y los socialistas. Se sucederán en los próximos meses decisiones que, como dijo la madre de Joseba Pagazaurtundúa, «nos helarán la sangre». Todo esto —y lo que vendrá, porque amenazados como están, son capaces de todo— ha aumentado la demanda de alguien que exprese en gritos la indignación que embarga a millones de españoles. Y muchos miran al jefe de la oposición, a quien consideran debiera hacerlo, alzar la voz en defensa de todos los heridos por los desmanes del gobierno. Y se topan con este gallego que apenas sabe elevar la voz, que es la personificación de la «antilujuria política» y se niega irritado a cumplir con ese papel que, por lógica tantos le tienen asignado.

A todos los españoles que asisten con estupefacción y dolor genuino al desmantelamiento de las armas legales, políticas y morales de la democracia española frente al terrorismo no les será consuelo que algunos digamos que Rajoy tiene razón en hacer la campaña que está haciendo. Quizás les consuele algo más el hecho evidente de que, si Rajoy les irrita a ellos, a los socialistas los ha llevado a la absoluta exasperación. Ha hecho fracasar su campaña de enfrentamiento y crispación, en la que han recurrido hasta a la última villanía —como es propio en cualquier tarea humana en la que participe Pepiño Blanco— y, sin embargo, han quedado expuestos en una impotencia manifiesta. Tiempo habrá para intentar corregir los desmanes que ahora perpetra el Gobierno y su comando togado. Ahora se trata de acabar con una pesadilla, que es esta agonía bajo esos zombies de Moncloa y Ferraz. Y Rajoy puede hacerlo.

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