ABC 06.05.11
Lo
del presidente es de traca. Dedica ahora su jubilación forzosa a viajar como
conseguidor por el mundo
EL
bueno de nuestro ministro de Fomento, Pepiño Blanco, se nos fue a Londres a
vender pisos. Ya saben que tenemos, más que un parque, un mundo inmobiliario
muerto de asco diseminado por la geografía española. Y hay que encontrarles
algún dueño antes de que esas bandas que trabajan más que nadie acaben de
saquearlos y robarles lavabos, inodoros, cableado y carpintería metálica y
convertirlos definitivamente en siniestras ruinas nunca habitadas. Por eso
Pepiño se nos ha ido, sartorial como viste él desde que descubrió el mundo
apasionante de la sastrería, a decirles a los británicos que no hay en el mundo
sitio mejor para invertir sus ahorros que las costas levantinas y meridionales
españolas. Lo cual es en principio cierto. Porque nuestro clima es de lo poco
en este país que no han logrado estropear Pepiño y sus amigos, con el Atila de
León a la cabeza. Y las infraestructuras necesarias existen desde antes y son
muy decentes, con sus carreteras y autopistas y sus aeropuertos, sus bares y
supermercados. Es más agradable leer en la vejez los resultados del cricket en
la prensa inglesa en una playa de Estepona que hacerlo, como el espía Kim
Philby en un parque de Moscú, a quince bajo cero. En ese sentido, el agente
Blanco presentaba una oferta apetecible, sobre todo a la vista del hundimiento
de los precios de las viviendas que se ofrecen hoy por el 50 o 60 por ciento de
su precio original. Blanco se las prometía muy felices. Con eso de aparecer por
la «City» londinense a vender productos emulaba a su jefe. Por ahí dicen vender
España y aquí nos venden supuestos favores que Catar, China o la familia
Pashton de Sussex nunca nos harían si no fuera por ellos. Lo del presidente es
de traca. Dedica ahora su jubilación forzosa como líder socialista a viajar
como conseguidor por el mundo, convertido en una especie de buhonero que, a
todos los que se presten, pretende endilgarles partes de nuestro vapuleado sistema
de cajas de ahorros, cachos de deuda, piezas de proyectos nonatos, quincalla de
todo lo poco que hay. Nuestro presidente se ha convertido en un chamarilero
itinerante por el globo que vende todo en denodada busca de una noticia
positiva que florezca en la prensa amiga.
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