ABC 10.05.11
Moratinos
es el responsable del hundimiento de este Ministerio en la ineficacia, la
villanía y el sectarismo
NO se preocupe nadie, que no vamos a hablar de cosas feas
como ventas de visados o trapacerías similares. No vamos a hablar tampoco del balance
necesariamente trágico de lo que es ahora un ministerio devaluado y disminuido
en el interior y en el exterior. En el exterior lo es porque España ha perdido
una gran reputación de seriedad y credibilidad que se forjó en la transición y
cultivaron con eficacia todos los ministros y presidentes del Gobierno antes de
este septenio negro.
Definitivamente hemos pasado a engrosar el grupo de países
tramposos y frívolos con los que sólo hay que tratar lo imprescindible. Países
cuya palabra dada hay que amarrar mucho para evitar sorpresas desagradables.
Hemos sido casi desde los albores de la democracia un aliado de primer rango
para los grandes europeos. Hoy sólo somos fuente de problemas e inquietud. Eso
en Europa, porque en América nuestra desaparición como fuerza relevante es más
sangrante si cabe. Todos nuestros lazos, fruto de mucho esfuerzo de todos —en
especial de la Corona— durante décadas, han sido reducidos a poco más que
simbolismo y nuestra influencia raya en nula. Pero ese no es el escándalo. Tampoco
lo es que tengamos una ministra que nada sabe ni aprenderá. A la que se colocó
allí porque sobraba en otra parte. Que hace pasar terrible vergüenza a sus
equipos en los viajes. «Bochorno» sufre López Garrido, con el que no se habla.
Ministra que desembarcó con una tropa de miembros del partido —«las maris», las
llaman— que ejercen de comisarias políticas, que no distinguen entre francés e
inglés y que han convertido los palacios de Santa Cruz y Viana en dicharachera
Casa del Pueblo. Ni siquiera es escándalo ya, por habitual, que el sectarismo
dicte todas y cada una de las decisiones de personal y de gasto. Ni que los
diplomáticos de carrera que no huyen a una excedencia ni consiguen un puesto en
el exterior, se hundan en la desmotivación más absoluta. Los diplomáticos
españoles, que gozaron de merecida fama internacional como funcionarios
eficaces y patriotas, asisten a la voladura descontrolada de una carrera otrora
de prestigio. Intimidados por una vigilancia política implacable con cualquier
crítica siempre sospechosa de derechista o clasista.
No hay comentarios:
Publicar un comentario