ABC 31.12.11
La historia que publica el «Wall Street Journal» quizás
irrite a ciertos sectores italianos. Que verán en letra impresa la confirmación
de todas las sospechas de que la soberanía italiana se ha visto humillada por
la gran bruja germánica que es Angela Merkel. Lo de la llamada de la canciller
alemana al jefe del Estado italiano, Giorgio Napolitano, solicitando una
intervención para acabar con un Silvio Berlusconi insistente en sus trampas,
agitará a cierto público.
El
«Wall Street Journal» dice haber hablado con muchos de los protagonistas de
este culebrón en el que se reconstruyen las semanas y meses de pánico en verano
y otoño. Bien leído todo es verosímil y nada disparatado. En el verano había
quedado claro que Berlusconi, tras sus enésimas añagazas con las reformas, no
tenía ya credibilidad ninguna ante los mercados. Y no podría ya tenerla ni
aunque lograra recomponer una mayoría que se le diluía por momentos. Italia se
había convertido ya en la mayor y más inminente amenaza para el euro. España
había evitado ese papel porque los mercados ya descontaban la desaparición,
tras las elecciones del 20 de noviembre, de Rodríguez Zapatero.
Ni
Merkel ni Napolitano confirmarían jamás tal entrevista. Y los desmentidos son
tan lógicos que no significan nada. Pero nadie podrá discutir que todas las
conversaciones habidas en esas dramáticas semanas estuvieron bien hechas porque
la catástrofe inminente pudo ser neutralizada. Quienes quieran agitar los
instintos nacionalistas y los fantasmas antialemanes tendrán que permitir se
les pregunte cómo habrían resuelto esta situación que no era una cuestión
nacional italiana sino un asunto interno de la zona euro. En la que estaban tan
implicados los demás líderes europeos como el propio Berlusconi y Napolitano.
En la que se jugaban tanto los jubilados de Hamburgo como los funcionarios de
Sevilla, los agricultores franceses tanto como los obreros italianos.
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