sábado, 14 de febrero de 2015

CULEBRÓN SIN CLÍMAX

Por HERMANN TERTSCH
ABC  31.12.11


La historia que publica el «Wall Street Journal» quizás irrite a ciertos sectores italianos. Que verán en letra impresa la confirmación de todas las sospechas de que la soberanía italiana se ha visto humillada por la gran bruja germánica que es Angela Merkel. Lo de la llamada de la canciller alemana al jefe del Estado italiano, Giorgio Napolitano, solicitando una intervención para acabar con un Silvio Berlusconi insistente en sus trampas, agitará a cierto público.

El «Wall Street Journal» dice haber hablado con muchos de los protagonistas de este culebrón en el que se reconstruyen las semanas y meses de pánico en verano y otoño. Bien leído todo es verosímil y nada disparatado. En el verano había quedado claro que Berlusconi, tras sus enésimas añagazas con las reformas, no tenía ya credibilidad ninguna ante los mercados. Y no podría ya tenerla ni aunque lograra recomponer una mayoría que se le diluía por momentos. Italia se había convertido ya en la mayor y más inminente amenaza para el euro. España había evitado ese papel porque los mercados ya descontaban la desaparición, tras las elecciones del 20 de noviembre, de Rodríguez Zapatero.

Ni Merkel ni Napolitano confirmarían jamás tal entrevista. Y los desmentidos son tan lógicos que no significan nada. Pero nadie podrá discutir que todas las conversaciones habidas en esas dramáticas semanas estuvieron bien hechas porque la catástrofe inminente pudo ser neutralizada. Quienes quieran agitar los instintos nacionalistas y los fantasmas antialemanes tendrán que permitir se les pregunte cómo habrían resuelto esta situación que no era una cuestión nacional italiana sino un asunto interno de la zona euro. En la que estaban tan implicados los demás líderes europeos como el propio Berlusconi y Napolitano. En la que se jugaban tanto los jubilados de Hamburgo como los funcionarios de Sevilla, los agricultores franceses tanto como los obreros italianos.

Los sentimientos antialemanes son siempre mas fáciles de agitar en países que sufrieron la agresión de la Alemania hitleriana en la Segunda Guerra Mundial. Véase Italia. A muchos quizás les sirvan como fácil consuelo o instrumento para agitar contra las reformas imprescindibles. Pero tendría gracia que ahora saliera la izquierda y los sindicatos italianos a defender a Berlusconi por una supuesta dignidad herida.

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