sábado, 14 de febrero de 2015

NO SÓLO DE PAN...

Por HERMANN TERTSCH
ABC Viernes, 30.12.11


Para reconstruir este país Rajoy tiene que activar a la sociedad como no lo ha tenido que hacer nunca un gobierno democrático

«Es la economía, estúpido». Por supuesto que es la economía. Mariano Rajoy no necesitaba que ningún asesor se lo recordara como a Bill Clinton en la campaña de 1992. Considerando la situación económica, arcas incluidas, que Aznar dejó a Zapatero en 2004, la que éste ha dejado en herencia a Rajoy tras menos de ocho años de gestión es difícilmente explicable sin una guerra por medio. La devastación es tan general que ahora el gobierno ha de aplicar poco menos que una economía de guerra para intentar salir del pozo. Rajoy lo sabía y por eso no se dejó distraer por ninguna otra cuestión o causa durante el último año ni por supuesto en campaña. Ha sido el desastre económico – las mentiras y la ineptitud – el que ha enterrado el proyecto Zapatero. No han sido las tropelías políticas sin fin, ni su profunda amoralidad y vacuidad, ni sus ofensas y campañas contra la mitad de la población española. Los españoles sólo han reaccionado cuando el disparate general les tocó directamente el bolsillo. Hizo por tanto muy bien Rajoy en centrar sus críticas y propuestas en la economía que había irrumpido ya en todos los hogares españoles para sembrar el miedo existencial. Acertó Rajoy y a la vista está. La economía seguirá siendo por supuesto la máxima prioridad porque no puede haber otra que la de rescatar de ese miedo existencial a los más de cinco millones de españoles que no tienen trabajo. Y que suponen, además de tragedias inasumibles, un lastre insufrible para un país que quiere reemprender la senda del desarrollo y la prosperidad tras el terrible accidente histórico que ha sufrido.

Pero erraría gravemente el Gobierno de Rajoy si cree que puede salir airoso de la titánica empresa en la que se ha embarcado ignorando los demás campos de la acción política con la misma contumacia con que lo hizo en campaña. Sin músculo político, ejercicio con convicción y firmeza y mucho vigor pedagógico, el Gobierno puede ser el gestor más eficaz de los números para verse arrollado pronto por las resistencias. Que serán muchas. Porque para reactivar esta economía y reconstruir este país tiene que activar a la sociedad como no lo ha tenido que hacer nunca un gobierno democrático. Y para ello tiene que presentar un mensaje regeneracionista movilizador y estimulante que es incompatible con la inercia hacia la componenda, la huida del conflicto y el apaciguamiento de los enemigos de las reformas. Que existen y existirán. Y se reorganizarán para combatir y sabotear los cambios, agitar los miedos y la insatisfacción. Aunque el PSOE salga de su profunda confusión de la mejor manera posible –abandonando el izquierdismo pueril con una propuesta socialdemócrata más o menos razonable–, el Gobierno se va a enfrentar a la movilización de toda la subcultura del resentimiento y el populismo. De ahí que tenga que afrontar el saneamiento de las áreas de Interior y Justicia con celeridad. Para evitar tener al saboteador dentro. Por no hablar de su política de comunicación. Vean la imagen que da RTVE del nuevo Gobierno y saquen conclusiones. Sin un mensaje y una narración adecuada del proyecto político, sus costes, efectos y esperanzas, este Gobierno será acosado sin cesar por una radicalidad izquierdista que el PSOE ha dejado firmemente instalada en el aparato del Estado y los medios de comunicación. Cediendo espacio y el discurso al adversario no se ganan aliados. Sin la fuerza de las ideas, el Gobierno puede convertirse pronto en un diligente gestor prisionero e impotente. La supremacía de los valores del progreso y la libertad necesita convicción y voluntad política para hacerse paso.

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