Por HERMANN
TERTSCH
ABC 21.01.11
Como siempre que hay algo con que mancharse, vuelve el
fiscal general. Ha olvidado sus ganas de dejar el cargo
NUESTRO
Gobierno de España y su partido socialista obrero experimental no se sienten ni
mucho menos derrotados, por mucho sondeo amargo que se desayunen. Ni están
paralizados pese al caos, los miedos y los nervios que se perciben entre
quienes en municipios y autonomías se ven ya víctimas de la creciente fobia
hacia el eterno adolescente. Ahí están los planes legislativos para liquidar en
los próximos meses las engorrosas limitaciones que pone el Estado de Derecho a
los gobernantes por si caen en la tentación de utilizar el poder del estado
para aplastar a las voces críticas y rivales políticos. Se mueven. Las noticias
judiciales de los últimos días son muchas. Continúa el goteo de sentencias y
decisiones amables para organizaciones etarras y sus miembros. Va poniendo en
la calle, con beneficios impensables para presos comunes, a terroristas con
condenas graves, delitos de sangre incluidos. Ayer, la Audiencia Nacional
absolvió a los veinte imputados en el caso Udalbiltza, acusados de actividad
terrorista. Al parecer estos acusados sólo se reunían por sus inquietudes
municipales. Nada que ver con terrorismo, dicen. Raro, raro. Una vez más,
cuando algunos socialistas tienen prisa por encontrar abertzales buenos que
premiar, se desmorona la jurisprudencia del Supremo que dicta que Batasuna es
ETA. Coge fuerza el mensaje gubernamental de los buenos y malos. Vuelve a estar
de discreta actualidad aquel llamamiento del Fiscal General, Conde Pumpido, a
los jueces, pidiéndoles no tuvieran escrúpulos en mancharse las togas por el
bien de las bellas intenciones del gobierno. Como siempre que hay algo con que
mancharse, vuelve el fiscal general. Ha olvidado sus ganas de dejar el cargo.
Ataca de nuevo. Ahora para salvar al juez Baltasar Garzón. Ya saben, el juez
estrella que lidera la ofensiva para convertir la guerra civil en permanente
causa política actual. Y que está acusado de prevaricar en tres casos muy
distintos. Alguno más relacionado con el dinero de los vivos que
los huesos de los muertos. En una decisión sin precedentes en nuestro Estado de
Derecho, la fiscalía apoya la recusación del supuesto juez prevaricador contra
cinco magistrados del Tribunal Supremo que deben juzgarle. Esto un día después
de que ya echara una buena mano a Garzón, al pedir y lograr el archivo de una
causa contra el ex fiscal jefe Anticorrupción, el ínclito Jiménez Villarejo.
Este fiscal, que comenzó su carrera jurando fidelidad al franquismo, se ha
erigido en gran héroe antifranquista, una vez comprobado —gracias a Garzón— que
Franco había muerto. Acusa a los jueces que imputan a Garzón de ser
instrumentos del fascismo español y de estar «en manos de los corruptos». La
fiscalía considera que eso no veja a nadie. El juez Ruz le ha dado la razón. No
sabemos si esta operación «salvar al juez Garzón» se debe al temor a que, de
ser condenado, se vengase de sus antiguos socios como ya hizo con González,
Barrionuevo y sus GAL. Porque del caso Faisán sabe un montón. Puede también que
la fiscalía esté en campaña electoral y que quiere ayudar a Garzón a generar la
«tensión necesaria» —que le diría Zapatero a Gabilondo—. Nada mejor que dividir
de nuevo a los españoles en buenos y malos. El líder de la nueva campaña en
favor del juez Garzón —y de acoso a los jueves del Supremo— no es oficialmente
Conde Pumpido, sino el payaso italiano Leo Bassi. Dirige una campaña que se llama «Franconohamuerto.com». Título poco afortunado diría yo. Porque si fuera
cierto, Bassi haría el payaso en Italia, los demás estarían callados como putas
y Jimenez-Villarejo seguiría asistiendo firme con su camisa azul y su casaca
blanca, a las recepciones del 18 de julio.
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