sábado, 14 de febrero de 2015

DOS POLOS DE LA MISMA ESPECIE

Por HERMANN TERTSCH
ABC Martes, 20.12.11


SEA lo que fuere el más allá, no se van a encontrar allí estos dos hombres que han muerto con menos de veinticuatro horas de diferencia. Vaclav Havel y Kim Il Sung, da reparo mencionarlos en la misma frase. Resulta casi chocante que dos seres de la misma especie puedan ser distintos. Uno de ellos volcado en hacer el bien, en reprocharse no ser aún mejor cada día, en evitar el mal al prójimo y sufrir cuando, por desgracia tantas veces, esto no es posible. El otro, un ser encanallado desde la infancia, tan embriagado de poder como de coñac Hennessy, perfectamente satisfecho por el dolor y el terror que generaba. Un hombre cuya única obsesión de por vida ha sido mantener el poder absoluto manejando los resortes más violentos y los instintos más bajos para mantener sumisos a sus generales y paralizados por pánico a sus súbditos. En Hradecek, en Bohemia oriental, moría mi querido y admirado Vaclav Havel, el último presidente de la desaparecida Checoslovaquia, el primer presidente de la República Checa. Recibió en vida todos los honores posibles. Pero él siempre insistió en que su paso por los palacios y los cargos habían sido una especie de embajada, un papel transitorio más en su vida, esa vida que con razón Milan Kundera calificó de «obra de arte». Siempre fue el infatigable luchador por la libertad y la dignidad del ser humano, allá donde esté, allá donde se le persiga. En los peores años de la dictadura soviética en su país, ya bajo Stalin y siempre después; cuando era general la convicción de que el comunismo era un estado irreversible, Havel nunca dejó de ser ese osado impertinente que rompía la tranquilidad de plomo para reclamar los derechos propios y ajenos. Fue el luchador infatigable por los derechos humanos y los valores de la humanidad. Havel no se lo puso nunca fácil al régimen comunista checoslovaco. Pero éste tampoco a él. Lo persiguió con obsesión y sin compasión. Le encarceló, le difamó, quebró su salud y le intentó humillar una y mil veces.

Pero este hombre físicamente frágil fue una roca en la defensa de sus valores y en la denuncia de la opresión y la injusticia frágil. Nunca perdió la esperanza. Y ganó. Vaya si ganó. Fue el líder de una revolución impecable, de terciopelo dijeron. Sin un tiro, sin una palabra de odio o venganza, toda ella reflexión y belleza, inteligencia y prudencia. Horas después de morir Havel nos llegaba la noticia de la muerte de Kim Jong Il. Este sátrapa de Corea del Norte heredó la dictadura de su padre. Y sin solución de continuidad mantuvo el implacable e inhumano régimen de esclavitud militarizada, de hambruna y terror. El comunismo llevado a su máxima coherencia. La pesadilla total del hombre despojado de todo derecho y convertido en pelele en masa. Las imágenes que nos muestran a sus súbditos llorando solo revelan el terror. Mostrar desgarro por su muerte, como aplaudir cuando vivía y obedecer siempre, es la única forma de no destacar y no ser por ello castigado. En Praga las lágrimas son reales. El hombre que estuvo sólo es despedido con amor sincero por sus compatriotas. El sátrapa que vivió con poder total recibe como despedida la farsa forzosa de sus súbditos. Frente a los relativismos que nos quieren convencer que no hay verdades en este mundo, aquí contrastan dos verdades poderosas. Constatan que existe el bien. Y que existe el mal. Que se puede optar. Supongo que nadie querrá aquí optar por el centrismo patológico de la equidistancia.

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