miércoles, 18 de febrero de 2015

ES VUESTRO TURNO, COMPAÑEROS

Por HERMANN TERTSCH
  ABC  22.07.11


Muchos españoles no creen que Rubalcaba acabe pagando por lo hecho. Porque le creen capaz de cualquier cosa

Nos pide el ministro del Interior, Antonio Camacho, que le juzguemos por su gestión al mando del Ministerio que acaba de asumir. En un futuro. Con paciencia. Como sus compañeros de Gobierno cuando nos piden que les creamos, el ministro del Interior nos pide un imposible. Primero, porque nadie cree que vaya a pasar muchos meses ya a la cabeza del Ministerio. El Gobierno está muerto. Y no resucitará por mucho que Zapatero se obstine por continuar unos meses más y nos haga beber hasta las heces de esta pócima venenosa de su legislatura. El ministro del Interior debe hacerse a la idea de que todas sus comparecencias ante la prensa serán como la de hoy. Que nadie querrá saber nada de él sino la verdad sobre el escándalo Faisán. Y que cada vez es más probable que la única conferencia de prensa suya con interés real, antes o después de dejar de ser ministro efímero, sea la que se produzca después de su procesamiento por aquella infamia. Su antecesor y jefe en el Ministerio volvía ayer con la milonga de que «aquello» del Faisán no es nada porque todos los etarras están en la cárcel. Siempre nos tomará por idiotas nuestro inefable Rubalcaba. Como si fuera lo mismo coger a unos criminales con las manos en la masa, expuesta toda su infraestructura y sus contactos, a cogerlos un mes más tarde perfectamente avisados, con todas las pruebas destruidas, todos los contactos a cubierto y bienes e información a buen recaudo. El daño del sabotaje a la operación policial es inmenso. Y el hecho de que Rubalcaba ya no encuentre otros subterfugios que negar los daños de la operación de ayuda a ETA demuestra que considera ya inútil negar su existencia. El problema de Rubalcaba, de Camacho y de los tres jefes de ese núcleo de policía política de los socialistas, es que ya sólo pueden utilizar el argumento de que era necesario violar la ley para llevar a buen fin su plan de buenas intenciones. Y resulta que es idéntico al argumento esgrimido en defensa de los implicados en el proceso de los GAL. Como idéntico ese otro, igual de perverso, que esgrime los logros en la lucha contra ETA de los implicados como garantía de que «sólo» violaban la ley para una buena causa. No otra cosa se dijo del general Galindo. No podrán rebajar a la sociedad española a compartir esta concepción, no ya flexible sino líquida, del Estado de Derecho y de las leyes. No se aceptó que se violaran las leyes para luchar contra los enemigos del Estado. Difícilmente tendrá aprobación social que se violaran en una colaboración continuada con ellos en busca de objetivos compartidos, que es en lo que degeneró el mal llamado Proceso de Paz.

Han tenido mala suerte nuestros hombres de Interior, Rubalcaba y Camacho a la cabeza, con la dimisión de Francisco Camps en Valencia. Ahora vamos a hablar de cosas más serias que de sastrecillos valientes. Sus intentos de hacer desaparecer el caso, con ayudas tan valiosas como la sospechosa pereza del juez Garzón, han fracasado. Sus cortinas de humo se han disipado. Y las mentiras ya no funcionan. Han perdido su eficacia, como los antibióticos, agotadas por abuso. Muy mal le tendría que ir a este Estado de Derecho para que los implicados y sus poderosos colaboradores no tengan todos que responder ante la justicia. Muchos españoles no se acaban de creer que también Rubalcaba, como sus subordinados, acabe pagando por lo hecho. Porque le creen capaz de cualquier cosa. Pero los límites de Rubalcaba existen. Y ahora está ante ellos. Su turno, compañero.

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