ABC 26.04.11
Todo
comenzó con un joven vendedor de hortalizas tunecino que, harto de los abusos
de la autoridad, se prendió fuego
EL hijo de Gadafi, el «espada del Islam», niño de la
London School of Economics, lo anunció en televisión, hará dos meses. Dijo que
aún tenían todos los libios oportunidad de evitar lo peor, obedeciendo la
llamada al orden. Los que no lo hicieran serían aplastados como las ratas y
cucarachas que son, sin clemencia ni piedad. Quien no obedeciera en aquel
momento declaraba la guerra al poder y éste iría a la guerra con todos los
medios para ganarla. Fue una de las más terribles puestas en escena de la tremenda
secuencia de sucesos e imágenes absolutamente inimaginables que hemos visto
desde diciembre, cuando estalló esta gran insurrección emancipadora que no
sabemos a dónde nos lleva pero que ya ha herido de muerte a casi todas las
dictaduras árabes. ¿Recuerdan? Todo comenzó con un joven vendedor de hortalizas
tunecino que, harto de los abusos de la autoridad, se prendió fuego en la plaza
pública. Una nimiedad en una región donde las víctimas del terror oficial
desaparecen o sucumben desde siempre en silencio. Pues desde aquel día ya no.
Fue hace sólo cinco meses y da vértigo repasar todo lo acontecido desde
entonces. El mapa político está ya patas arriba y nadie puede predecir cómo
será dentro de un año o seis meses. Sí sabemos que desde entonces las dictaduras
amenazadas tienen dos formas de reaccionar sin que hasta ahora ninguna haya
podido garantizarles la supervivencia. Ben Alí se fue con el botín sin ofrecer
casi resistencia. Mubarak se resistió algo más pero no quiso o no pudo ordenar
a su ejército disparar contra el pueblo. El presidente Saleh en Yemen intentó
la represión total pero ya ha asumido su derrocamiento y sólo negocia la
impunidad para sus desmanes. Gadafi, sin embargo, no dudó en cruzar la línea
roja. Desde muy pronto utilizó al ejército y hasta los aviones de combate para
disparar contra su pueblo. Ha logrado prolongar la guerra pero nadie duda de
que, tarde o temprano, acabará derrocado. Lo que no sabemos es cuántas vidas se
llevará antes por delante.
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