ABC 29.04.11
La
noticia de la «paz» entre Hamás y la AP sólo podría ser buena si Hamás
renunciaal terrorismo
LA paz
es algo que todos añoramos siempre. En la vida personal y en nuestras
sociedades, casi todas traumatizadas por guerras más o menos recientes, es el
bien que más cotiza, el valor más alto. Es un valor al que, por supremo,
estamos dispuestos a sacrificar muchos otros. De ahí el gran éxito de la paz
como valor supremo, pero también como señuelo para convencer a las sociedades a
renunciar a su dignidad y su libertad. La historia nos demuestra que cuando las
sociedades, o los individuos, sacrifican la dignidad primero, la libertad
después, en aras de una paz, ésta no es más que una estafa, el preludio de una
guerra o la paz de los cementerios, el miedo y la indignidad. Nos llega ahora
de El Cairo la noticia de que la Autoridad Palestina (AP) y la organización
terrorista Hamás han hecho la «paz». Que han superado tres años de conflicto
—muchas veces armado— entre ellos. La AP gobierna en Cisjordania. Hamás lo hace
en Gaza. Ahora dicen haber superado sus diferencias y quieren celebrar
elecciones en los territorios palestinos para reunificar el gobierno. En los
países árabes y aquí en España se ha recibido la noticia con alborozo. En
realidad es un desastre. Y perversa esa armonía. Porque en aras de la unidad y
de la «paz» entre las dos facciones palestinas, la que estaba cerca de ser un
gobierno democrático —la AP—, ha asumido la unidad de acción con una
organización terrorista, Hamás. Sin que ésta haya renunciado a sus métodos
terroristas ni a sus objetivos que son la guerra con Israel hasta la
destrucción del Estado judío. Más bien al contrario, la AP se ha acercado a
Hamás. Lo revelan declaraciones de sus ministros, celebrando la muerte de civiles
israelíes, niños incluidos, como actos de «legítima resistencia». Hamás es
incompatible con una paz en libertad, tanto para palestinos como para
israelíes.
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