ABC 05.08.11
Tenemos
un partido socialista que, de la mano de Zapatero, ha recuperado la peor
tradición izquierdista
VA a ser el legado más venenoso
de ese irresponsable personaje aun presidente. Lo que no es poco decir. Porque
los daños causados a este país por sus gobernantes en los últimos siete años
han adquirido ya dimensiones cuasi bíblicas. Y mucho tardaremos en subsanarlos,
si acaso, en generaciones. Aun ahora, consumado el desastre, es casi
inconcebible, inexplicable, cómo se ha podido hacer tanto daño en tan poco
tiempo. Tiempo habrá para análisis sesudos que intenten explicar cómo sucedió,
cómo un país modesto pero sólido, que con razón se sentía orgulloso del camino
recorrido desde 1975, pudo hundirse con consentimiento y por elección de la
mayoría. Hasta llegar a un estado de postración en el que ya no es en absoluto
dueño de su suerte y futuro. Pero con ser una tragedia inmensa para todos, no
serán lo peor del legado maldito estos desastres provocados en nuestra economía
por la ineptitud, la mentira y la osadía. Que la convirtieron en el perro más
flaco, vulnerable a toda plaga en el peor momento de crisis internacional. Lo
peor es que estos gobernantes han llevado hasta sus últimas consecuencias la
vocación socialista del desprecio a la ley. Lo han hecho desde el Gobierno y se
preparan a hacerlo para el caso de que pierdan el poder. Queda trágicamente
claro que los socialistas españoles no hicieron su Bad Godesberg con Felipe
González. Y si algunos creyeron que lo habían hecho, los que habrían de
sucederles ni lo creen ni están dispuestos. En Bad Godesberg, el SPD alemán no
sólo renunció al marxismo. También aceptó como modelo inquebrantable e
incuestionable el Estado de Derecho y renunció a superarlo y quebrarlo en pos
de cualquier objetivo utópico. Nosotros tenemos un partido socialista que, de
la mano de Zapatero y la obsesión por su abuelo Lozano, ha recuperado la peor
tradición izquierdista que sólo valora las leyes y el Estado de Derecho en
función de las ventajas que del mismo pueda extraer para ulteriores objetivos.
En este sentido no se diferencian en nada de Pablo Iglesias o de Largo
Caballero y su siempre manifiesto desprecio hacia todas las «leyes
burguesas» que pudieran ser un obstáculo para sus fines. Ahora, en plena
crisis, que España sufre de forma especial por su culpa, su desprecio a la ley
se convierte en bandera. Ya lo ha sido en sus alianzas con todas las fuerzas
ultranacionalistas y antisistema con las que pretendía acabar con la
alternancia política en España. Cuando han tenido que forzar la Constitución y
a los órganos de protección de la misma lo han hecho. Para sus pactos con las
fuerzas nacionalistas más voraces o sus acuerdos secretos con los terroristas.
Aquí han ido mucho más lejos que los socialistas de González. Mientras éste
violó la ley para matar a terroristas con el GAL, ellos la violaron para
cimentar sus acuerdos con estos enemigos del Estado.
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