miércoles, 18 de febrero de 2015

MALDITA LA GRACIA

Por HERMANN TERTSCH
  ABC  02.08.11


Consumada la catástrofe nacional, las ratas pretenden abandonar el naufragio en yate de lujo

DEBEMOS conservar un poco de sentido de humor aunque los tiempos no sean propicios. Ríanse por tanto un poco con Pérez Rubalcaba al volante de su desvencijado utilitario acudiendo a una jornada sobre seguridad vial que no fue sino un homenaje de autopromoción. Aunque puede que también fuera un conato de atentado contra la propia seguridad vial ya que don Alfredo, que lleva más de dos décadas sin bajarse del coche oficial, no puede ser ya un conductor muy fiable. Demostró, eso sí, ser un tipo ordenado, ya que si no, jamás hubiera encontrado las llaves. Ríanse también de cierta prensa, que ha sido cómplice incondicional del Gobierno de Zapatero en la farsa que ha supuesto la legalización de Bildu. Ahora se pretende sorprendida porque «la izquierda abertzale impone radicalidad a Bildu». Como si no hubieran sabido siempre que eran la misma cosa. Como si no hubieran trabajado con el Gobierno para engañar a la opinión pública y cumplir con los acuerdos establecidos con ETA desde el atentado de la T4. Desde aquel puñetazo en la mesa de ETA, el Gobierno ha cumplido, se podría decir que religiosamente, todos los compromisos con ETA. En realidad, la banda terrorista puede presumir con razón de haber logrado lo que nadie, que Zapatero cumpliera. Él, que ha violado su palabra y roto toda promesa y compromiso desde que lo conocemos, con ETA ha sido impecable. Serán capaces de reírse incluso de la desvergüenza en la carrera de abusos que han iniciado los aun gobernantes por salvarse y colocarse unos a otros. Consumada la catástrofe nacional por la explosiva combinación de ineptitud, osadía, toxicidad ideológica, arrogancia y falta de vergüenza, las ratas pretenden abandonar el naufragio en yate de lujo. Ríanse del ridículo que hacemos en el exterior con mendicantes fracasados buscando puestos en organismos para los que ni se les busca ni sirven. Desde Moratinos a Aído, los culpables del desastre, del derroche, de un sinfín de presuntas malversaciones y de nuestra vergüenza en el exterior, andan mendicantes buscando refugio ante los males por ellos causados. Tampoco deja de tener gracia, maldita gracia, lo de la ministra de Asuntos Exteriores. Que Trinidad Jiménez viole todas las reglas de la más elemental decencia con su oleada de nombramientos de embajadores y altos cargos, demuestra que hasta las chicas supuestamente bien educadas pierden todo pudor cuando frecuentan las malas compañías.

Pero para hartarse de reír son los intentos de algunos de lavarles la cara ahora a todos estos irresponsables, y en especial al principal artífice del naufragio, el Gran Timonel. Aparte de los integrantes del aparato mediático socialista público y privado, son muchos los complacientes hasta anteayer con el hombre del talante. Los que sucumbieron al principio a sus encantos y después han ido mucho por La Moncloa. Y siguen yendo. Quizás demasiado. Luego se quejan del compadreo del Gobierno británico con Murdoch. Ahora desde allí nos dicen que Zapatero se inmola por nosotros. Y que es simpático y muy demócrata. El que intentó acabar con la alternancia democrática en este país buscando una alianza hasta con los terroristas. El que, desde su obsesión sectaria y revanchista, despreció, hirió y agredió sin cesar a media España. Ahora resulta que nos lo presentan como un hombre sacrificado, humilde y bienintencionado que tuvo la desgracia de cometer algún error de cálculo y valoración. No, queridos. Nos podemos reír todos de la absurda concatenación de disparates que nos ha hundido, de la constelación maldita que llevó al poder a este personaje ridículo y siniestro a la vez. Nos reiremos, por no llorar. Pero hacer el payaso, no.

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