ABC 02.08.11
Consumada
la catástrofe nacional, las ratas pretenden abandonar el naufragio en yate de
lujo
DEBEMOS conservar un poco de
sentido de humor aunque los tiempos no sean propicios. Ríanse por tanto un poco
con Pérez Rubalcaba al volante de su desvencijado utilitario acudiendo a una
jornada sobre seguridad vial que no fue sino un homenaje de autopromoción.
Aunque puede que también fuera un conato de atentado contra la propia seguridad
vial ya que don Alfredo, que lleva más de dos décadas sin bajarse del coche
oficial, no puede ser ya un conductor muy fiable. Demostró, eso sí, ser un tipo
ordenado, ya que si no, jamás hubiera encontrado las llaves. Ríanse también de
cierta prensa, que ha sido cómplice incondicional del Gobierno de Zapatero en
la farsa que ha supuesto la legalización de Bildu. Ahora se pretende
sorprendida porque «la izquierda abertzale impone radicalidad a Bildu».
Como si no hubieran sabido siempre que eran la misma cosa. Como si no hubieran
trabajado con el Gobierno para engañar a la opinión pública y cumplir con los
acuerdos establecidos con ETA desde el atentado de la T4. Desde aquel puñetazo
en la mesa de ETA, el Gobierno ha cumplido, se podría decir que religiosamente,
todos los compromisos con ETA. En realidad, la banda terrorista puede presumir
con razón de haber logrado lo que nadie, que Zapatero cumpliera. Él, que ha
violado su palabra y roto toda promesa y compromiso desde que lo conocemos, con
ETA ha sido impecable. Serán capaces de reírse incluso de la desvergüenza en la
carrera de abusos que han iniciado los aun gobernantes por salvarse y colocarse
unos a otros. Consumada la catástrofe nacional por la explosiva combinación de
ineptitud, osadía, toxicidad ideológica, arrogancia y falta de vergüenza, las
ratas pretenden abandonar el naufragio en yate de lujo. Ríanse del ridículo que
hacemos en el exterior con mendicantes fracasados buscando puestos en
organismos para los que ni se les busca ni sirven. Desde Moratinos a Aído, los culpables
del desastre, del derroche, de un sinfín de presuntas malversaciones y de
nuestra vergüenza en el exterior, andan mendicantes buscando refugio ante los
males por ellos causados. Tampoco deja de tener gracia, maldita gracia, lo de
la ministra de Asuntos Exteriores. Que Trinidad Jiménez viole todas las reglas
de la más elemental decencia con su oleada de nombramientos de embajadores y
altos cargos, demuestra que hasta las chicas supuestamente bien educadas
pierden todo pudor cuando frecuentan las malas compañías.
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