Por HERMANN
TERTSCH
ABC 01.02.11
Resulta infantil creer que la caída de Mubarak puede
reconducirse rápidamente hacia un gobierno democrático
NO hay
nada escrito. Olvídense de aquellas malhadadas lecturas del determinismo
histórico que tanto daños nos hicieron en la juventud. Hoy, aquí, en El Cairo,
es más inservible si cabe. Y sin embargo muchos parecen tentados de utilizarlo
para intentar entender no ya lo que pasa, sino lo que puede suceder. Yerran,
sin duda, quienes creen inevitable que Egipto se precipite hacia un proceso
similar al que sufrió Irán después de la caída del Sha. Y que pronto tengamos a
este país, clave de la región y líder del mundo árabe, en manos de los
islamistas radicales de la Hermandad Musulmana, dedicados a la creación de una
república islámica. Es lógico que ese escenario siembre el terror allá donde se
dibuje. Los Hermanos Musulmanes son el precedente de organizaciones similares
de mucho éxito —por mucho que lo lamentemos— como son Hizbullah y Hamás en el
Líbano y en Gaza. Desde hace ochenta años, este islamismo ha creado unas
poderosas redes sociales y de beneficencia, tiene representación considerable
en toda la geografía egipcia y mucho prestigio en las capas más bajas, urbanas
y campesinas. Y está mejor organizado que ningún partido político de la
oposición, y hoy puede decirse que también más que el oficialista PNB de
Mubarak, que se halla estos días en plena descomposición mientras arden sus
sedes. Tan lógico es que el presidente Hosni Mubarak presente la amenaza
islamista como la única alternativa a su supervivencia en el poder como que los
Hermanos Musulmanes nos cuenten la milonga de que «quieren una democracia laica,
libre y abierta». Convendría creerles poco a ambos. Lo cierto es que hoy por
hoy, en unas elecciones realmente libres, se les otorga a los Hermanos
Musulmanes un techo en torno al 25 por ciento. Cierto, da mucho miedo. Pero
también lo es que aglutinaría todo el voto religioso, con lo que el resto
quedaría en manos de opciones políticas laicas. Y ninguna de ellas abiertamente
hostil a Occidente.
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