Por HERMANN
TERTSCH
ABC 28.01.11
Ya avisó Felipe González de que la decisión de presentarse
no depende de Zapatero, sino del partido
NUESTRO
presidente del Gobierno llevaba ya muchos meses jugando a las adivinanzas con
todos nosotros. «Que sí, que no, mientras cae el chaparrón». Demasiado tiempo
coqueteando sobre su futuro que, les moleste a ustedes poco o mucho, también es
en buena medida el nuestro. Pero son malos tiempos para la broma. Tras siete
años de omnipresencia de Zapatero en nuestras vidas, a los españoles nos
flaquea muy seriamente el sentido del humor. Ahora parece que también en el
partido socialista han adquirido eso que llaman «masa crítica» los que no
tienen ya ganas de reírle las gracias al presidente. Y parecen haber decidido
acabar con las adivinanzas. Sin consultar al interesado. Desde hace ya semanas
los medios afines al partido socialista, especialmente los más ligados al
vicepresidente Alfredo Pérez Rubalcaba, sostienen una campaña perfectamente
laminadora contra el presidente. Con golosas encuestas incluidas. Y afirman sin
descanso que toda posible salvación para los socialistas pasa por la figura
excelsa y preclara del vicepresidente Pérez Rubalcaba. Al parecer, toda esta
artillería contra el pobre Gran Timonel lleva ya un tiempo generando irritación
en La Moncloa. Porque se considera que la postulación de Rubalcaba —que se
considera orquestada por todo el núcleo duro del viejo socialismo, Freddie
Fouche incluido— es ya excesivamente descarada. Pero este jueves hemos pasado
ya a una siguiente fase, es de suponer que debido a los nervios y la impaciencia
de muchos. Y ya son perfectamente explícitos los mensajes que nos dicen que
Zapatero no será el candidato en el 2012. Y que ya poco importa lo que él mismo
quiera o pretenda decidir al respecto.
Dos
periódicos salieron ayer con la misma noticia en portada. Rubalcaba será el
candidato en el 2012. Y Chacón en el 2016 —largo me lo fiáis—. La fuente de
esta indiscreción sería un jefe socialista que, según algunos medios
socialistas decían ayer, es el ministro de presidencia, Ramón Jáuregui. Éste
salió al paso con un desmentido que nada niega. Y de hecho ayer Zapatero quedó
liquidado como el líder político del socialismo. Queda como pato cojo que no se
volverá a presentar. No porque no quiera. Porque no le dejan. Y al que a partir
de ahora obedecerán y temerán, como mucho, los bedeles de La Moncloa. Ahí
queda, para gestionar las reformas pendientes. Todo indica que el partido
quiere descartar que el presidente coja aire y vuelva a las ensoñaciones. Que
el año próximo, sean cuales sean los resultados de las elecciones municipales y
autonómicas, se inocule una dosis de su optimismo antropológico, se considere
recuperado y pretenda presentarse. El núcleo duro del partido lo quiere
impedir. Ya avisó Felipe González, cada vez más presente en el partido para
salvar los muebles, que la decisión de presentarse no depende de Zapatero sino
del partido. Todo indica que la cocina felipista ya ha tomado ya la decisión. Y
muchos quieren que se haga pública cuanto antes. Para intentar paliar daños en
las elecciones municipales y autonómicas. El presidente del partido, Manuel
Chaves, puso la guinda y habló ya ayer del presidente en tiempo pretérito. Dijo
que le habría gustado que se hubiera presentado otra vez Zapatero. Le faltó un
«¡Qué pena!». El partido ha amortizado al presidente. Y su defenestración está
en marcha. Es previsible que se resista. Si considera ingratos a los españoles
que le critican, imagínense lo que pensará de los socialistas desleales que él
acaudilló al poder. Pero la puñalada trapera está dada. Le han ganado en lo
único que hace bien, la intriga. Eso sí, le ha ganado un campeón. Que no dejará
de elogiarle mientras lo momifica.
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