sábado, 14 de febrero de 2015

LA LISTA DE LOS LISTOS

Por HERMANN TERTSCH
ABC Martes, 13.12.11


Si creen que ya tienen suficientes motivos para el disgusto y no se quieren enfadar mucho más les recomiendo no se les ocurra echar un vistazo al Boletín Oficial del Estado del 25 de noviembre de este año. El cabreo puede ser de los que maltratan la salud. Porque allí se publican quince páginas de beneficiarios de subvenciones para la causa sacra laica de la «memoria histórica» que si se analizaran y fiscalizaran bien podrían dar trabajo a nuestros tribunales hasta bien comenzado el siglo próximo. Por mera curiosidad malsana dan ganas de interesarse por el destino real de millones de euros fragmentados en multitud de cantidades todas orgullosas que han cobrado grupos más o menos sospechosos y personas físicas por excavar fosas reales o supuestas, por conferencias a precio de Premio Nobel, por construir monumentos cuando otros se destruyen o por fantasmales estudios sobre la «memoria oral». Se trata de una interminable lista de listos que han cobrado algunos probablemente han vivido de las ganas del presidente Zapatero de dividir una vez más a los españoles en buenos y malos según su ideología. Lo que era una perversión política que ha hecho un daño infinito a la convivencia de los españoles y a la cultura política de este país ha sido además un inmenso negocio de todos esos espabilados movilizados para trincar parte del dinero público que ya sabemos no es de nadie. La famosa frase del presidente y capitán del resentimiento a su ministro Solbes tenía sentido: «¿No me vas a decir Pedro, que no hay dinero para hacer política?» Vaya sí lo había y lo hay. También ahora, cuando se van porque los han echado los españoles. Precisamente ahora, cabe decir, cuando ya les quedan semanas o días para dejar de tener la llave de la caja. Están lanzados a adjudicar dinero a sus amiguetes. Como sea, por lo que sea. Como si les fuera la vida en que no quede nada en la caja por repartir. ¡Por Prieto, por Iglesias, por Durruti o por Tutatis, que no le dejen nada en la caja que gastar a la derecha! Como si se tratara del abandono precipitado de unos cuarteles asaltados por el enemigo, la consigna parece ser dejar tierra quemada al enemigo. Lo hemos visto con los nombramientos. La desvergüenza del aluvión de personajes y personajillos que han colocado en cargos de la administración, saltándose los reglamentos cuando no las leyes. Lo hemos visto con los viajes que como voraces nuevos ricos se han lanzado a hacer en último minuto, sin programación ni agenda, con el único fin de aprovechar su acceso al dinero de los españoles. Pero una de las formas principales de saqueo es como ha sido siempre la política de subvenciones. Sobre todo la pasta. «Hay que gastarse la pasta y dársela a los nuestros», es el lema de esta carrera desvergonzada de gasto desesperado en las semanas de transición y que tiene buen reflejo en esas páginas alucinógenas del BOE del 25 de noviembre, cinco días después de las elecciones. «Todo para los nuestros, ahora o nunca». Y allá van las subvenciones. A todo un mar de siglas, asociaciones, ateneos, personas físicas, iniciativas y simples «ideas» tras las que invariablemente se encuentran «camaradas» de diverso pelaje de ese fantasmagórico Frente Popular que nuestro gran Timonel quiso reinventar para satisfacer la pulsión de revancha por la suerte del abuelo. Hasta las justificables exhumaciones de víctimas de la guerra civil, hechas por estos listos salen más caras que las excavaciones de Schliemann en Troya. Hasta las iniciativas honorables, que las habrá, suenan a estafa. Todo lo han profanado, pero más que nada, la caja.

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