jueves, 30 de enero de 2014

TEMPLO DE LA DIGNIDAD

Por HERMANN TERTSCH
ABC 13.09.07


¡Qué gran noticia para los Premios Príncipe de Asturias, para España e Israel, para todos y cada uno de los ciudadanos de este mundo que luchan contra el horror y la mentira, conscientes de que bajar la guardia ante el odio y la indiferencia es, por necesidad, letal! Yad Vashem es un museo judío con una sobrecogedora exposición sobre la abismal tragedia judía del siglo XX pero, más aún, es un templo que, con su casi insoportable relato de la inhumanidad del crimen único y total, convierte la visita al mismo en una experiencia no ya inolvidable sino transmutadora. Cuando en 1953 fue creada la institución -la Autoridad Nacional para el Recuerdo de los Mártires y Héroes del Holocausto- en el joven estado de Israel eran muy pocos los que querían recordar. Los supervivientes huían del recuerdo y del trauma y terrible reproche de no haber compartido la suerte de sus familias, al sionismo irritaba la imagen de la víctima judía cuando los esfuerzos habían de concentrarse en no volverlo a ser nunca más en un mundo hostil y en tremenda precariedad como las guerras por venir habrían de demostrar.

Pero exactamente diez años después de la imborrable epopeya del levantamiento del gueto de Varsovia se puso en marcha esta nueva gesta por la dignidad, Yad Vashem, que, desde la dedicación y el fervor, ha conseguido crear un monumento único que prueba a sus visitantes al medirles el calado del alma. Honra a seis millones de judíos víctimas del odio y de la indiferencia, tanto de la indiferencia como del odio porque nunca unos criminales habrían logrado tanto sin ser arropados por la indiferencia. Con ellos, Yad Vashem honra a todas las víctimas de esta terrible combinación de actitudes humanas, las que gozan del mal y las que lo aceptan, que yacen por toda esta tierra y siguen cayendo. Todos los días del año, el museo en lo alto del monte de la Conmemoración en Jerusalén conmueve a miles de almas que salen del mismo con más piedad, más sabiduría y más coraje. Este Premio Príncipe de Asturias emociona porque es justo, porque es una reparación de mil mensajes viles cotidianos y porque demuestra que también aquí en España hay ocasiones en los que la autenticidad, el valor y la voluntad de lucha por la dignidad impresiona y obtiene reconocimiento.



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