ABC 19.05.09
ES una publicidad que se oye mucho últimamente por la radio.
Pero realmente es una recomendación que conviene hasta a los que nos hemos
pasado la vida viajando: hay que viajar más. Más aún. Para no caer nunca en el
error de pensar que lo que sucede aquí en España es normal. A poco más de
cuatro horas de Madrid, menos de tres de vuelo a Viena y algo más de una en
coche a lo largo del Danubio hacia el norte, se alza imponente sobre un alto
rodeado de bosques el monasterio benedictino de Göttweig, conocido como el
Montecassino al norte de los Alpes. Fundado en el siglo XII, presidiendo el
estrecho valle del Danubio que se conoce como Wachau, Göttweig cuenta, como el
otro cercano gran monasterio de Melk, con una biblioteca que es una crónica
continuada de lo que es la gestación de la idea de Europa. Pocos años después
de caer el Telón de Acero y a instancias del Gobierno austriaco se instituyó
allí un foro anual de políticos y analistas de toda Centroeuropa. Surgió para
hablar de mucho más que de economía y política. Su carácter único está en el
énfasis con que se debaten y estudian los problemas de la identidad y las
raíces de Europa.
Este
año se acumulan las efemérides. Se cumplen los 90 años de los Tratados de
Versalles y Trianon, que quisieron reordenar Europa y sembraron de odio el
continente con el surgimiento de los grandes totalitarismos. Se conmemorará
también el 70 aniversario del comienzo de la Segunda Guerra Mundial el 1 de
septiembre de 1939. Se celebra también el 20 aniversario de la caída del muro
que construyó el totalitarismo que salió triunfante en parte de nuestro
continente. De todas estas fechas se puede aprender mucho. Entre otras muchas
cosas que la venganza y la humillación del prójimo nunca puede ser una victoria
duradera. También que los totalitarismos surgen de la movilización del
desprecio al carácter sagrado de todo ser humano. Y desde luego la inmensa
lección de que, igual que se puede sucumbir por cobardía, comodidad, ignorancia
o indiferencia ante los totalitarismos, la sociedad libre consciente de su
poder y liderada con coraje y sabiduría, puede derrotar al totalitarismo y
ayudar a sus víctimas a unirse a la comunidad de ciudadanos libres.
En
Göttweig este año hemos hablado por supuesto de la crisis. Una mayoría ha
insistido en que el relativismo fomentado durante tanto tiempo en nuestras
escuelas y por los poderes públicos supone una terrible dificultad añadida para
la superación de las dificultades. Y para evitar males mayores para la
seguridad, el bienestar y la paz, que en absoluto están descartados. El
discurso estelar lo pronunció el nuevo primer ministro húngaro, Gordon Banjac.
La primera parte la pronunció en un correctísimo alemán para después pasar al
inglés para poder, dijo, precisar más en los datos sobre economía y finanzas.
Pidió sacrificios a todos, pidió equilibrio entre prudencia y ambición. Dijo
que en Hungría se dan dos crisis superpuestas, la internacional y una nacional.
Hay que pasar por reformas muy dolorosas para no pasar de lo malo a lo
insoportable. Y pidió sentido común. Como ven hay que viajar para oír verdades
sobre lo que nos pasa.
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